Bitácora de naufragios

Un blog personal acerca de libros, medios, imágenes, música, actualidad, descargas, curiosidades en la red y ficciones. AUTOR: JLE

México, país de malcogidos

arivoney

De acuerdo con los laboratorios Pfizer, 35% de las mujeres mexicanas no conoce el orgasmo. El dato es avasallador para cualquier sociedad, pues revela represiones, ignorancia, falta de realización y renuncia a derechos fundamentales, entre otros vicios. Pero lo hallado por la encuesta Satisfacción y actitudes sexuales en el mexicano no para ahí, sino que añade: “Cerca de 55% de la población masculina, de entre 20 y 70 años, sufre algún grado de disfunción eréctil, incluida la eyaculación precoz” y pocos hombres buscan ayuda médica.

César Velasco, gerente médico del área de salud femenina y masculina de Pfizer, explicó, refiere la agencia Apro, que en el país unos 6 millones de hombres padecen disfunción eréctil y sólo un millón acude a recibir tratamiento. “Aquí lo que llama la atención es que estas personas no reciben ni llevan ningún tipo de tratamiento, lo cual es un dato muy importante porque influye en sus vidas en general. Hay un grave problema para reconocer que se está enfermo y, cuando se trata de tabaquismo, la negativa es absoluta aun cuando se sabe que causa daño en las arterias del pene”, señaló.

México, por cierto, según esta encuesta, resulta el primer consumidor de Viagra en América Latina.

Todo lo anterior se suma a los cuestionamientos a la cultura sanitaria del mexicano. Y va más allá: nos deja ver, creo, que al carácter nacional lo moldea una gran insatisfacción en muchos aspectos, uno de ellos es el sexual: somos un país de malcogidos, a pesar de (y quizá debido a ello) que haya tanto “machito” y tanta “virgen” guardando celosamente su respectiva reputación.

Vía Apro

(Foto: Arivoney)

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Einstein y Dios: ciencia y religión

“Para mí, la religión judía, como las otras religiones, es una encarnación de las supersticiones más infantiles. Y el pueblo judío, al que estoy encantado de pertenecer y con cuya mentalidad tengo una profunda afinidad, para mí no tiene ninguna cualidad que no tengan otros pueblos. En lo que se refiere a mi experiencia, no son mejores que otros grupos humanos, aunque están protegidos de los peores cánceres por su falta de poder. Por otra parte, no consigo ver nada de elegido en ellos”.
Lo anterior fue escrito por Albert Einstein, el 3 de enero de 1954. Es un fragmento de una carta que el pensador judío escribió en alemán y le envió al filósofo Eric Gutkind.
The Guardian dio a conocer estas ideas ayer, 13 de mayo, en la víspera del 60 aniversario de la conformación del estado Israelí.
Más allá de las suspicacias por la coincidencia en el calendario entre la celebración patriótica y la revelación de los comentarios de Einstein, la carta revela opiniones que este hombre se guardó en vida, pues siempre se mostró cercano a la religión como generalidad: “la ciencia sin religión está coja y la religión sin ciencia es ciega”, decía.
Esto pareciera contrastar con lo que sostiene en la carta revelada por The Guardian:
“La palabra Dios para mí no es más que la expresión y el producto de la debilidad humana; la Biblia es una colección honorable, pero primitiva, de leyendas no obstante bastante infantiles. Ninguna interpretación, por sutil que sea, puede (para mí) cambiar eso”.
Tomando en cuenta que el nuevo mensaje habla de Dios y de religión, puede comprenderse que cada concepto tenía, para Einstein, cierta autonomía.
Quizá no haya sido muy atendido, pero se entiende que en la lógica einsteniana el respecto a las demás religiones y el juicio que lo lleva a mostrarse distante de ellas al considerarlas “supersticiones infantiles” parece reafirmar lo que siempre hizo: crearse una religión particular.
En 2005, Gerald Holton, profesor de física y de historia de la ciencia de la Universidad de Harvard, Estados Unidos, dio una entrevista a la BBC a propósito de su ensayo: El tercer paraíso de Einstein. En él, plantea que el físico pasó de un período religioso a otro científico y finalmente a una visión del cosmos que conjugaba a ambos.
Holton sostuvo en esa ocasión que Einstein “definitivamente sí (creía en Dios). Pero debemos recordar que así como inventó su física y su estilo de vida, también inventó su religión”.
Añade que la visión de Einstein estuvo influenciada por los conceptos de Spinoza, quien usó a Euclides como modelo al plantear algunas afirmaciones como axiomas: “Dios existe”, “la naturaleza existe”, entonces, ¿cuál es la relación entre ellos?
Y luego extrae como conclusión que existe una forma de llegar a Dios a través de la naturaleza. Ahí está la conexión entre ambos y eso es lo que Einstein llamó su religión cósmica.
Sostiene Holton: “Einstein creía que la religión en el pasado respondía al miedo y en nuestros días a consideraciones éticas, con la idea de un Dios personal que nos atiende a cado uno de nosotros. Eso es del pasado, decía. La nueva religión cósmica tendrá lugar cuando entendamos que Dios es inmaterial y mira al Universo como un todo y lo sostiene.
Es una religión que se eleva por encima de lo personal. No creía que necesitemos tener un Dios que nos atiende a cada uno de nosotros todo el tiempo. Esto, como podemos imaginarnos, creó muchos problemas con sus correligionarios.”
Además, señaló Holton: “Einstein no creía en el libre albedrío, estudiaba a Schopenhauer y otros que creían en el determinismo. Einstein creía en la causalidad clásica. Creía que las cosas están determinadas a partir de condiciones iniciales y que el libre albedrío es una ilusión”.
Ciencia=religión
“La ciencia sin religión está coja y la religión sin ciencia es ciega”, decía el promotor de la relatividad. ¿No es esto el resumen de la “religión cósmica”? ¿Y no es esta construcción religiosa una superstición —cargada de cierto infantilismo— más que una certeza para Einstein?
La carta fue enviada a Gutkind en respuesta a que éste había enviado su libro —Escoge la vida: La llamada bíblica a la rebelión— a Einstein.
El diario español El País cita: “Expertos consultados por el diario londinense (The Guardian) admiten que nunca habían oído hablar de esta carta, escrita poco más de un año antes de su muerte y que no está citada entre las fuentes utilizadas por el escritor Max Jammer en su libro de referencia Einstein y la religión. En opinión de John Brooke, experto de la Universidad de Oxford consultado por el diario londinense, Albert Einstein “tenía respeto por los valores encarnados por las tradiciones judía y cristiana” y, a pesar de su rechazo a la visión convencional de la religión, le molestaba que los defensores del ateísmo se apropiaran de sus puntos de vista”.
¿No será que Einstein se convenció del carácter infantil de las religiones luego de reflexionar acerca de encontrar infantiles a sus razonamientos acerca de la “religión cósmica”?
Cierto, este planteamiento no toma en cuenta otros aspectos de la visión einsteniana del cosmos, pero hace evidente que ciencia y religión están más vinculadas en la realidad que en los prejuicios de mucha gente.

-JLE
Con información de El País, The Guardian y BBC

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