La guerra civil de España terminó oficialmente un día como hoy, hace 70 años. El cine la ha recreado de muchas formas, de modo tangencial o directamente. Hace tiempo, el periódico 20 minutos puso a votación cuál creían sus lectores que era la mejor película que hacía referencia a esos días. Las preferencias fueron variadas (la lista incluye la película Raza, con guión del mismísimo Francisco Franco y Soldados de Salamina, una cinta que desmerece, a mi juicio, ante la gran novela de Javier Cercas) y quedaron más o menos así (conseguí el link a algunas de ellas para verlas online):
1. Las 13 rosas
2. El labertinto del fauno
3. La lengua de las mariposas
4. Ay, Carmela
5. La vaquilla
6. Soldados de Salamina
7. Las bicicletas son para el verano
8. Tierra y libertad
9. El espinazo del diablo
10. La hora de los valientes
11. Libertarias
12. Lorca, la muerte de un poeta
13. Raza
14: El viaje del caracol
15. El santuario no se rinde
16. El portero
El narcocorrido es una de las expresiones más activas de la música popular hispano-mexicana. Proviene de la tradición añeja del corrido —elegías a personajes o sucesos populares—, pero, obviamente, se centra en el narcomundo. El inicio de su difusión masiva ha sido ubicada por Elijah Wald, autor del libro Narcocorrido (HarperCollins, 2001), en Sinaloa, en los años 70. De ese estado es originario el grupo Los tigres del norte, que popularizó narcocorridos como Contrabando y traición y La camioneta gris, los cuales, incluso, han sido temas protagónicos de películas.
Las elegías populares dedicadas al narco poseen distintas estructuras líricas y musicales. Su clasificación es difícil debido a que cambian de acuerdo con el gusto del autor, del intérprete y aun del “cliente” —hay narcotraficantes que pagan porque les hagan sus narcocorridos—, pero existen algunos que bien pueden interpretarse ya no sólo como elegías, sino como chistes o como auténticos mensajes cifrados.
El caso más emblemático es el del corrido Lo mataron, atribuido indistintamente al grupo Riqueza y al grupo Los sicarios del norte.
La simpleza de su letra —lo único que en él se canta es: “Lo mataron / lo mataron / lo mataron, lo mataron”— ha generado toda clase de chunga en internet. Cierto, parece gracioso —casi una burla hacia el narcocorrido— sólo si no se toman en cuenta las probabilidades de que se trate de un mensaje juglar. Si se atiende a lo segundo, estaríamos pensando en una revitalización del mester de juglaría ahora antecedido por el prefijo “narco”. Y no es nada difícil que esta hipótesis contenga cierta verdad.
2. Otras elegías políticamente incorrectas
Por cierto, en estos días de reposo tuve oportunidad de encontrar la versión completa de la cinta Deprisa, deprisa, de Carlos Saura. Está en Yahoo Video . Es una de las películas que más me gustan de este cineasta español. En ella, Saura retrata la vida de un grupo de jóvenes ladronzuelos españoles de esa generación perdida de la heroína (años 80), como se le ha llamado a aquella etapa difícil de transición social. Al verla de nuevo, recordé inmediatamente el caso del mítico Vaquilla, una leyenda de la delincuencia en España. Él ha inspirado canciones apologéticas a grupos de música popular española como Los Chichos y Los Chunguitos, entre otros, que han creado elegías al Vaquilla comparables a nuestros narcocorridos. De entre las rolas que aluden a ese hombre mi preferida es la que escribió el cantautor Ismael Serrano, con la que abre su disco Naves ardiendo más allá de Orión. Se llama, precisamente, Elegía.
Aunque en España se empeñan en decir que es en América Latina donde está más vigente la oralidad como vehículo para relatar historias, el caso de El vaquilla y las canciones que ha inspirado evidencian que también allá esa tradición permanece.
Link a Deprisa, deprisa. (En ella, la música es destacable. Contiene una buena versión de Me quedo contigo, canción que recientemente grabó Manu Chao con el título Si me das a elegir y la cual, a mi gusto, sacrifica el dramatismo de la rola en aras del ritmo.)
De esas películas que se vuelven a ver cuando hay oportunidad (y estos días son propicios, debido a la calma que impera en el calendario), he acudido a Tesis, de Alejandro Amenábar. Apenas hace un mes la han subido a Google Video y la cuelgo a continuación:
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