¿Qué es un héroe? ¿Puede haber uno que sea de carne y hueso?
El tema de los héroes —tan necesarios siempre— ha sido base de incontables obras artísticas. Esos personajes, extraordinarios, irrepetibles, hacen suponer que el resto de los mortales debemos resignarnos a ser sólo espectadores de sus hazañas, incapaces de imitarlos.
Pero esta visión, la del héroe lejano, es trastocada especialmente en una de las obras más consistentes de los últimos años en la literatura en español: Soldados de Salamina (Tusquets 2001), de Javier Cercas. En ella, los héroes están más cerca de lo que cualquiera se imagina.
Se trata de un suceso, más que de una novela, por todo lo que ha generado a su alrededor. Es, además, una magnífica historia basada en hechos y personajes reales: “Un relato real”, la definiría Cercas, sin pretensiones de nonficcionista.
Si bien es aceptable que “todos los buenos relatos son relatos reales, por lo menos para quien los lee, que es el único que cuenta”, como lo señala en las páginas de esta novela el escritor chileno Roberto Bolaño —en su faceta de personaje—, la odisea que emprendió el narrador (Cercas) tras toparse con la anécdota que le sugirió la obra y sus manifiestos pesares previos dotan a Soldados de Salamina de una atractiva peculiaridad en su génesis. Es una intranovela, es decir, la historia de cómo se escribió esa misma historia, partiendo de un hecho del pasado de España: Rafael Sánchez Mazas, literato e ideólogo del movimiento derechista Falange, es aprendido por un grupo de republicanos durante los meses finales de la guerra civil ibérica.
Consciente de que su derrota es ya inminente, el grupo en cuestión huye rumbo a la frontera con Francia, pero antes de cruzarla decide fusilar a un puñado de prisioneros entre los que se encontraba el propio Sánchez Masas. Éste logra escapar hacia un bosque cercano durante la ejecución de los cautivos. Tras una búsqueda inmediata, un soldado republicano lo encuentra, lo encañona y, en vez de matarlo, hace creer a sus compañeros que no ha encontrado a nadie, con lo que salva así la vida del fugitivo, de modo inexplicable. El misterioso miliciano desaparece luego, sin dar indicios de su proceder.
Este episodio, relatado por el propio hijo de Sánchez Mazas durante una entrevista periodística con Javier Cercas —narrador y personaje—, inquieta a éste, lo obsesiona y lo obliga a replantear su lúgubre visión de la vida asumida después de haber sido marcado por dos sucesos dolorosos: La muerte de su padre y el abandono de su mujer.
Cercas describe cómo se enrola sin meditarlo demasiado en la investigación de los hechos, la insatisfacción por el consecuente texto obtenido, su frustración personal al tener que imponer el trabajo periodístico diario ante el deleite de la creación literaria anhelada, sus líos amorosos con una divertidísima novia llamada Conchi y, finalmente, el suceso afortunado: El encuentro con Roberto Bolaño y el cierre del capítulo que sabía definitivo para que su trabajo no quedara “cojo”. De la amistad con Bolaño, el narrador obtendrá mayor información acerca del enigmático incidente, creerá hallar el eslabón perdido del atípico indulto que preservó la vida de Sánchez Mazas: Un ex combatiente republicano llamado Miralles, amigo de Bolaño y posiblemente el mismo hombre que evitó la muerte del falangista.
Mediante un interesante ejercicio periodístico y literario, la visión final que Cercas reproduce es una apología de los héroes próximos, de los que no mueren mientras sean recordados, de los que viven en casa, como su padre, como tantos jóvenes anónimos que murieron en las infames dictaduras latinoamericanas y por quienes se lamentaba Bolaño. Así, el autor replantea la visión de “ese pelotón que siempre salva las civilizaciones” y que rara vez se encuentra en el bando de los vencedores, pues a veces, los verdaderos héroes son tan desconocidos que ni siquiera pueden ser recordados.
Acá va un interesante documental en tres partes de Soldados de Salamina, a propósito de la cinta. Incluye entrevista a Javier Cercas:
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