Bitácora de naufragios

Un blog personal acerca de libros, medios, imágenes, música, actualidad, descargas, curiosidades en la red y ficciones. AUTOR: JLE

Los puentes de Königsberg

1

Hay siete niñas raptadas y desaparecidas —alguien se las robó de un autobús escolar—; hay otras ocho niñas que presenciaron el rapto y fueron rechazadas por los secuestradores, por lo que volvieron a su respectivo hogar con el pellejo intacto, pero teñidas por la mácula de haber sido despreciadas; una monja que nada hizo por defenderlas, tal vez debido a cierta impotencia o complicidad; hay siete botellas que siempre acompañan a tres borrachos, y cada una ha sido bautizada con el nombre de una de las desaparecidas; los borrachos las quieren, los borrachos las cuidan y también se las toman; hay seis madres regiomontanas —sólo seis, porque dos de las desaparecidas eran hermanas— que lloran la pérdida de sus pequeñas, y algunas de ellas están dispuestas a acompañar a los citados teporochos en un viaje en autobús con tal de estar cerca de sus hijas botellas —una ha vuelto en forma de hija marrana—; hay una maestra de escuela en pleno Monterrey que le enseña a Gortari —que también es un tal Ernest—, el narrador, toda la ciudad de Königsberg (o sea Monterrey) y el enigma de sus puentes, y lo instruye ante la guerra que se libra en la ciudad; es pro nazi y vive en las vísperas de la invasión Rusa a esa tierra regia del norte de México que —ya me estoy perdiendo— en 1945 fue entregada al Ejército Rojo, pues uno de los tres borrachos, Floro —que también es un bachiller y un cartero—, siendo el general Lasch, se rindió y se retiró a seguir emborrachándose.

2

Maldita sea. He dicho que no escribiré más acerca de libros. Y, por alguna razón, siempre reincido. Soy un débil. Pero no puedo evitarlo cuando encuentro novelas como Los puentes de Königsberg, de David Toscana (Alfaguara /09). Por principio de cuentas debo justificar mi recaída: el libro no es de lectura fácil, pero es muy placentero; el relato es mexicano y a la vez no; resulta atractivo y, tal vez, chocante. Como bien lo anticipa su nombre, la historia tiene que ver con el problema de los puentes de Königsberg, una peculiar situación geográfica de dos porciones de tierra separadas entre sí y conectadas por siete puentes construidos sobre el mismo río. Mi descripción de la zona, lo sé, resulta vaga y limitada, no obstante, la imagen que pego es más explícita:

Esta región (según lo leí en la Wikipedia, como buen web on que soy) se ubicó en “la Prusia oriental del siglo XVIII —ciudad natal de Kant— y actualmente, Kaliningrado, en la óblast rusa de Kaliningrado”; existió y a ella se asocian nombres como Kant (ahí está su tumba) y Euler (el genio matemático que respondió que no, de forma tajante y matemática, a la pregunta: ¿Es posible dar un paseo empezando por una cualquiera de las cuatro partes de tierra firme, cruzando cada puente una sola vez y volviendo al punto de partida?), entre otras referencias históricas peculiares.

¿Qué relación existe entre esta zona alejada de México y Monterrey? Pareciera que ninguna. ¿O sí? Elena Méndez, en una estupenda minirreseña publicada en Justa, halla algunas conexiones posibles; Geney Beltrán Félix hace otro tanto en Letras Libres, y Roberto Pliego en Nexos.

Mis respetos por los críticos.

3

Yo, como no soy crítico, sino otro delirante desquiciado, preferí consignar la lectura de esta obra, no quise reseñarla ni analizarla, sino reproducir a grandes rasgos su hilo conductor, si es que el término vale en esta ocasión, aunque, evidentemente, no puede ser contada, ya que se estructuró para ser leída. Ahí radica, desde mi punto de vista, uno de sus grandes valores.

Ya dije que no es mi intención “analizar” nada del libro, no podría, escapa de mi limitado equipamiento para explicar obras que siguen los parámetros tradicionales del relato de ficción, pero no me quiero guardar la consignación de esta historia, cuya “trama” cumple el más estricto sentido de la urdimbre; el tejido bien trabajado genera una percepción de desorden ante una obra con un logos propio, un universo al que la contratapa del volumen no duda en calificar de “desquiciado”, aunque yo le llamaría lúdico, ambicioso, con fuero y quizás impunidad literarios, pues no puede ser juzgado como fallido. Es, en resumen, placentero. Cierto, se regodea en la confusión que genera, pero en ello radica su belleza. En fin, invito a que lean la novela y, si es posible, las reseñas que he linkeado.

David Toscana,
Los puentes de Königsberg,
Alfaguara, México, 2009, 242 pp.

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Diferentes, desiguales y desconectados (de García Canclini), online

En los ámbitos académicos de Latinoamérica, el antropólogo argentino Néstor García Canclini esdiferentes-desiguales-y-desconectados-de-garcia-canclini una referencia común cuando hay que analizar la realidad desde la perspectiva cultural y social. Tanto en la licenciatura como en la maestría me enfrenté con varias dificultades para conseguir algunos de sus textos, aun cuando el autor radica en México y trabaja en la Universidad Autónoma Metropolitana, lo cual, presuntamente, debería facilitar el acceso a sus libros a cualquier estudiante defeño (o mexiqueño, para usar el término correcto). Algunas de sus obras aún siguen siendo inaccesibles para muchos, a menos que tengan la platita y la paciencia necesarias (se requieren cantidades importantes de ambos recursos para lograr el objetivo).

Por ello, al encontrarme la edición de Diferentes, desiguales y desconectados (Gedisa, 2004) en PDF, no pude evitar la tentación de compartirla. La hallé en un grupo estudiantil argentino. Viene en 2 partes y aquí pego los links para consulta y, si gusta, puede ser descargado (lo guardas como cualquier PDF y listo):

Parte 1

Parte 2

Para quienes no conozcan este texto, linqueo una reseñita bastante descriptiva (sólo tiene un error: García Canclini no es mexicano, como sostiene el reseñista, pero creo que la nacionalidad, en este caso al igual que en casi todos, no importa).

Vía: Taller de Arquitectura VI C FAUD UNC

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Marguerite Yourcenar (recopilación de textos)

yourcenar2

Una de las novelas que más he disfrutado es Memorias de Adriano. Gracias a ese libro me acerqué a la obra de Marguerite Yourcenar y desde entonces no dejo pasar oportunidad para recomendarla.
Cuelgo aquí un bloque de links para conseguir textos online de Yourcenar (por la hechura de los archivos, muchos de ellos en Word, podría alegárseme que carecen de rigor editorial. Al respecto debo aclarar que si una obra nos gusta lo más natural es que indaguemos más de ella buscando mejores ediciones —el que se publique en forma de libro no garantiza que se trate de una buena edición— hasta llegar, si es posible, a leerla en el idioma original. Como yo no sé francés, debo conformarme con las versiones en español y confío en las de Julio Cortázar. Valga este afán como divulgación más que como sentencias del crítico que no soy).
Memorias de Adriano (PDF)
El tiro de gracia, El denario del sueño, El tiempo, gran escultor, Cuentos orientales, Alexis o tratado del inútil combate, en este link  (desde este mismo enlace pueden leerse obras imperdibles de Duras, Faulkner, Vargas Llosa y un plácido etcétera).
—JLE

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La prensa mundial en una crisis no muy pasajera

El suplemento mensual Hoja por hoja, enfocado en reseñas de libros, anunció la “inviabilidad” de mantener su distribución en el diario Reforma, del Distrito Federal. En su despedida avisó que cerrará la cortina, siguiendo los pasos de otros cierres similares como el anunciado por Book World (de The Washington Post) y el de la revista Críticas.
Este texto apareció en la edición impresa: “La inesperada devaluación de nuestra moneda junto con un pico en el precio internacional del papel vuelven inviable para el periódico —Reforma— una relación que fue fructífera durante casi 12 años. Quienes damos forma a este suplemento confiamos en construir pronto un nuevo canal para llevar hasta nuestros lectores el júbilo de la lectura y la crítica. Hasta entonces”, concluye el minieditorial.
Hoy, en su página web, Hoja por Hoja detalla sus motivos mediante un pop up (hacer click sobre la imagen para ir a la página):

ojo-por-ojo

Podría argumentarse que el de los libros siempre es el uno de los primeros sectores afectados por los ajustes presupuestales, pero, en este caso, tal vez estemos enfrentando una crisis en la prensa que no sea tan pasajera, sino que marque rumbos tan definitorios cono poco imaginables.
Si The New York Times recurrió a la publicidad en portada, si El País estuvo envuelto en una huelga reciente, entre otros casos de grandes medios en crisis, ¿por qué tendrían que volver los tiempos en que las grandes cabeceras —aludo al prestigio— eran sinónimo de solidez empresarial? ¿No será una cuestión más relacionada con la naturaleza del medio que con la crisis financiera de alcances mundiales?
El periodista español Juan Varela ha hecho un interesantísimo análisis de la situación de la prensa en España. Su trabajo se ha publicado en el portal Soitu.es  Y, además, plantea puntos de vista igualmente interesantes acerca de la prensa tradicional y la digital desde una entrada en su blog: No paren las rotativas… todavía   Tal vez esta crisis sea no la causa sino el pretexto para enfocar la búsqueda de nuevos soportes a los canales que se requieren. El rango de debate no es estrecho, claro, pero habrá que comenzar a explorarlo de una buena vez, ¿o no?
—JLE

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No hay tal lugar (reseña de una reseña)

Una reseña puede partir de muchas motivaciones. Tal vez la más digna sea el interés genuino por un libro. Otras surgen de la oportunidad o de la urgencia por consignar la aparición de alguna novedad editorial. La que posteo a continuación no pertenece ni al primero ni al segundo tipo de estímulos. La motivó una mujer. Y no cualquiera. Podría pensarse mal de mí, sobre todo de mi integridad como reseñista ocasional, si dijera que esa mujer trabajaba en la editorial que hace ya cinco años publicó el libro por primera vez. En mi defensa —en la de mi reputación reseñística— tendré que negar y admitir algunas cosas. Niego que haya escrito el texto por quedar bien con ella. Admito que fui a recoger el libro hasta la editorial porque pretendía tener un acercamiento, digamos, más formal con la susodicha (ese día salimos a comer). Niego que mis juicios hayan sido sesgados para “hacer buenas migas” con ella. Acepto que ella estaba relacionada con el área de difusión, aun cuando no era la encargada de dar material a la prensa. Niego que esté seguro de mi primera negación de la lista. Admito que, al final de cuentas, el libro me gustó y por eso escribí una minirreseña —más parecida a una ficha técnica—que posteo aquí cinco años después.
En este lapso han pasado muchas cosas. La aludida ha dejado la editorial y yo cada vez escribo menos acerca de libros (no sé si lo primero sea causa y lo segundo consecuencia, pero no lo creo).
Hoy me topé con el texto. Invariablemente recordé la causa que le dio origen. Lo curioso es que la sensación grata del libro ha soterrado en gran medida a la sensación igualmente plácida de aquellos encuentros con quien me surtía obras en aquella editorial. Hoy, que ya no hablamos de una novedad, puedo recomendar, con seguridad, la lectura de la novela (la cual ganó en 2004 el premio Mazatlán de literatura).

Una radiografía de la vida: la muerte
“¿Cuánto tiempo te queda a ti de vida?”, preguntó alguien a Lucas Caraveo con una naturalidad paralizante. 164Lucas se desconcertó, reaccionó como cualquiera ante tal cuestión. ¿O acaso quien lee estas líneas —acaso quien las firma— podría no inquietarse ante la prefiguración exacta de su fin terrenal? Sólo los personajes que habitan el valle de San Sóstenes en No hay tal lugar (Alfaguara, México, 2003. 138 pp.), asumen su estancia en la antesala de la muerte con serenidad ante lo irremediable de sus desahucios.
Esta concepción de la muerte, no como banco de lamentaciones sino como compañera natural en el fin de cualquier camino, sirve a Ignacio Solares (Ciudad Juárez, 1945) para recrear, fundado en concepciones rarámuris, un mítico paraje —San Sóstenes— enclavado en la Sierra Tarahumara al que llegan desahuciados que son atraídos por la idea de que en tal sitio hallarán ayuda a bien morir. Ernesto Ketelsen, un ex sacerdote jesuita, ha propiciado ahí una comunidad de enfermos terminales que conviven de modo distinto al resto de la sociedad —la delincuencia y el uso de dinero han sido erradicados— y se rigen por el principio de que la eutanasia, como la obstetricia, debería ser un correctivo natural —y humano— ante desventajas biológicas sin remedio.
Frente a tal postura, Lucas Caraveo, sacerdote jesuita, es enviado por su prior a investigar esa zona. A su arribo descubre que lejos de un valle de moribundos quejosos el sitio es una región improbable donde el dolor se encapsula en el cuerpo y no se deja llegar a la mente, por lo que jamás se vuelve sufrimiento; el fin de la vida es aceptado como un compañero más. Este hecho —aunado a los ritos tarahumaras, católicos y parapsicológicos que atestigua— lo confronta consigo mismo y lo mueve, como al lector, a reflexiones que lo habrán de inducir al interés por la verdadera fisonomía de Dios y de su alma.
No hay tal lugar es una buena historia poblada por los fantasmas recurrentes en el universo de Solares –Greene, Freud y Jung— que además alegoriza el paradigma de felicidad en el mundo moderno a la manera de medir la desgracia por la anchura de las ambiciones.

No hay tal lugar
Ignacio Solares
Alfaguara, 2003, México, 138 páginas
.
—JLE

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Una de sir Richard Francis Burton

Si Jorge Luis Borges hubiera incluido a sir Richard Francis Burton (1821-1890) como personaje de alguna de sus ficciones y lo hubiera descrito como alguien que “soñaba en 17 idiomas y que dominó 35: semitas, dravídicos, indoeuropeos, etiópicos…”, aquel inglés habría sido atribuido sólo a la imaginación del argentino: nadie hubiera pensado que pudo existir realmente.
Pero esa descripción borgiana de Burton no pertenece a ningún texto de ficción, sino a un fascinante escrito —aparecido en La historia de la eternidad— que da cuenta de la vida de aquel europeo quien aún encarna el paradigma del aventurero occidental en Oriente.
Ilija Trojanow, no conforme con los relatos de viajes y con las múltiples referencias biográficas de ese mítico viajero, emprendió un camino inverso al de Borges: partió de la historia real de Burton para hacerlo un personaje ficticio, protagonista de esta novela.
Galardonada con el Premio del Libro de Leipzig, en 2006, esta narración abarca tres periodos de la vida de Burton: desde cuando fue parte del ejército inglés en la India, su paso por La Meca —fue el primer occidental en entrar a ese lugar sagrado para el Islam— y su búsqueda de los orígenes del río Nilo.
Algunos críticos han clasificado a esta obra como de viajes y de aventuras; es cierto, Burton bien puede aparecer junto a Marco Polo como estereotipo de viajero, pero la historia del inglés pareciera ser, al final de cuentas, el resumen de una conquista mutua entre Occidente y Oriente.

Título: El coleccionista de mundos
Autor: Ilja Trojanow
Traducción: Rosa Pilar Blanco
Editorial: Tusquets
Colección: Andanzas
México, 2008, 398 pp.

-JLE

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Más delicias


I
Ha caído en mis manos Boedo y Florida. Una antología crítica (Losada, 2006), trabajo realizado por Gabriela García Cedro en el que incluye una revisión de ambos grupos literarios. No es una novedad editorial (así, de pronto, ignoro si en México algún día lo fue, porque el libro que tengo es argentino), pero encuentro varias cosas destacables.
García Cedro propone cuatro apartados en los que incluye la literatura argentina de principios del siglo XX —una de las mejores, a mi juicio, en América—: a) Los mayores (escritores que fueron maestros de ambos grupos, como Lugones, Güiraldes, Quiroga, Fernández y Méndez); b) Representantes de Florida (Borges y Girondo caen aquí); c) Representantes de Boedo (Barletta, Castelnuovo, Discépolo), y d) La zona intermedia (Olivari, Mariani y Arlt).
Bien:
1) Aunque muchos consideran a Roberto Arlt boeditsa, García Cedro lo ubica en el grupo de los intermedios. Es un punto de vista interesante, sobre todo porque afirma que los boedistas fueron quienes más peleaban la carta de este autor.
2) Entiendo que la ausencia de José Bianco —quien, por cierto, cumpliría 100 años a finales de 2008 y el FCE tiene un libraco al respecto que luce interesante— se debe a su edad. Si se atiende que esta antología tomó como referencia la década de los años 20 para determinar los parámetros del censo, Bianco debería ser, entonces, un adolescente y, si no miento, su primer libro apareció en 1932. Eso me hace pensar que un apartado tal vez titulado “sucesores” abarcaría el espectro literario argentino casi en su totalidad, al menos a lo producido en el siglo XX y haría a esta obra casi enciclopédica. De cualquier manera, así, como está, es muy buena.
3) De las muestras literarias de cada autor antologado, incluye dos de los textos de Oliverio Girondo que están entre mis favoritos (de 20 poemas para ser leídos en el tranvía): Apunte callejero y Pedestre.
Acá va el segundo:

Pedestre

En el fondo de la calle, un edificio público aspira el mal olor de la ciudad.
Las sombras se quiebran el espinazo en los umbrales, se acuestan para fornicar en la vereda.
Con un brazo prendido a la pared, un farol apagado tiene la visión convexa de la gente que pasa en automóvil.
Las miradas de los transeúntes ensucian las cosas que se exhiben en los escaparates, adelgazan las piernas que cuelgan bajo las capotas de las victorias.
Junto al cordón de la vereda un quiosco acaba de tragarse una mujer.
Pasa: una inglesa idéntica a un farol. Un tranvía que es un colegio sobre ruedas. Un perro fracasado, con ojos de prostituta que nos da vergüenza mirarlo y dejarlo pasar (1)
De repente: el vigilante de la esquina detiene de un golpe de batuta todos los estremecimientos de la ciudad, para que se oiga en un solo susurro, el susurro de todos los senos al rozarse.
Buenos Aires, agosto, 1920
(1) Los perros fracasados han perdido a su dueño por levantar la pata como una mandolina, el pellejo les ha quedado demasiado grande, tienen una voz afónica, de alcoholista, y son capaces de estirarse en un umbral, para que los barran junto con la basura.

II
Tras buscar versiones de Summertime, reafirmo lo que siempre he creído: la que más me gusta es la de Charlie Parker. Otra muy interesante es la de Ella Fitzgerald y Louis Armstrong, pero me sigue gustando más la primera, una verdadera delicia:

-JLE
-La foto fue tomada de neuronatipicax en flickr

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José Luis Martínez y una curiosidad

Varios estudios acerca de la obra de José Luis Martínez (1918-2007) coinciden en destacar como características fundamentales de la misma a sus amplios referentes de literatura universal, su conocimiento profundo de las letras mexicanas y un estilo sobresaliente.
Tras cumplirse un año de la muerte de Martínez, El Colegio de México ha editado una nueva antología —por desgracia es no venal— en la que reúne textos aparecidos en revistas literarias clásicas, como Tierra Nueva, Letras de México y Taller: Primicias, es su nombre.
Está dividida en cinco partes: Teoría literaria, Letras del mundo, Letras iberoamericanas, Letras mexicanas y Poesía, las cuales revisan obras de Valéry lo mismo que de Henríquez Ureña y de Villaurrutia, incluso de Juan Soriano, aunque éste haya legado una producción plástica y no literaria.
El primer apartado, aunque breve, contiene como elemento destacable la visión que el autor tenía de sí mismo, al considerarse “un curioso que pretendiera desarmarlo todo, sin conseguir averiguar nunca las secretas causas del tic tac de los relojes literarios”, visión que se manifiesta en el resto del libro.
Aunque comparte algún texto con el ya conocido Literatura mexicana del siglo XX. 1910-1949 —editado primero por Robredo, luego por Porrúa y después en Lecturas Mexicanas, hasta llegar a una muy buena reedición de Conaculta en 2002— esta antología es una de esas obras a las que, de inicio, difícilmente puede objetárseles algo, pues contribuye a enriquecer la obra de quien quizá sea el revisor más importante de la literatura mexicana de los dos siglos anteriores.

Título: Primicias
Autor: José Luis Martínez
Editorial: El Colegio de México
México, 2008, 456 pp.

-JLE

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La crítica de la crítica

José Joaquín Blanco sólo escribe de sus amigos, lo cual es una manera de hacer crítica. Pero ocurre que Dios lo castigó con amistades mediocres.
Cristopher Domínguez Michael

Hacer crítica es más difícil de lo que se cree. Al menos, cuando se intenta poner en práctica la razón para, lejos de fobias o atavismos, situar en su justa dimensión aquello que se revisa.
En particular, en el mundo de las letras, hay personas que ejercen la crítica de dos maneras: sectaria y superficialmente. Ambas, ninguna más que la otra, dejan pasar muchos elementos de las obras que “analizan”, una por compromisos casi nepotistas y la otra por ignorancia o falta de preparación de quien la lleva a cabo.
Así, encontramos en las páginas de diarios, revistas y suplementos, obras “magníficas”, “pésimas” o, de plano, sin adjetivo, por la perversidad nacida de los compadrazgos o de la impericia de algunos reseñistas que tienen compulsión por firmar y subirse al barco de la promoción del libro reseñado.
En ocasiones, la crítica de la crítica termina siendo un gran ajuste de cuentas (basta leer el epígrafe venenoso de este post) y se olvida de la obra que la motivó.
Por eso, cuando uno se topa con textos que salen de los parámetros mencionados, queda agradecido.
Eso me sucedió con un texto de Miguel Barberena, ex director del ya desaparecido suplemento cultural Arena (del diario Excélsior) quien, además de generoso y mesurado, se muestra preciso al criticar un libro de crítica: el Diccionario crítico de la literatura mexicana, de Cristopher Domínguez Michael.
La reseña, titulada “Canon accidental” —la parodia es evidente—, apareció en el número correspondiente a junio de la revista AZ (http://www.revistaaz.com/).
Del texto aludido, capto las siguientes ideas:
Domínguez Michael:
a) tiene como astro sol de su sistema literario a Octavio Paz
b) admira en segundo término al ingeniero Enrique Krauze, en quien el crítico no escatima elogios
c) sabe emplear elegantemente el arte de la crítica para arrastrar por el fango a quienes no son sus amigos (como los compas del Crack)
d) el tono general de la obra, señala Barberena, es “admirativo”.
Aun cuando pudiese parecer contradictorio, el ejercicio de la crítica, en este caso, está bien empleado. Bordea entre el “está bien” y el “está mal” con argumentos y con ejemplos que derivan en juicios sobrios, como golpes y apapachos bien dados.
No sé si existan muchas reseñas de reseñas pero, en mi caso, la reseña de Barberena me impulsó a escribir este post, pues después de leerla me resultó más agradable que el libro, el cual, sobra decirlo, es el producto que puede esperarse de un crítico como Cristopher.

-JLE

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Leñero: Teatro Completo I

El cumpleaños 75 de Vicente Leñero (Jalisco, 1933) coincide con un fin de ciclo: al celebrar 40 años como dramaturgo decidió poner punto final a su labor teatral.
De él, como autor de teatro, se han dicho muchas cosas, pero quizá las palabras que mejor lo describan sean las expresadas por Juan Villoro al considerar que ha atravesado la literatura mexicana “con pulmones de maratonista y mirada de arquero”, al referirse a la incansable indagación de la realidad en la que Leñero ha basado su dramaturgia, cuya compilación definitiva aparece en Teatro completo I.
Este autor ha explorado las posibilidades extremas del realismo y eso, a menudo, fue causa de la polémica que acompañó, de manera regular, a sus puestas en escena.
Claros ejemplos son las obras que reúne este volumen. La primera de ellas, Pueblo rechazado (1968), no sólo marcó el inicio de la prolífica carrera en la dramaturgia de Vicente Leñero, sino también la consolidación de su perfil artístico al situarlo como un autor de mirada crítica, impaciente por reflejar la crudeza de su entorno social.
Pueblo rechazado recoge hechos reales ocurridos en 1967, año en que el sacerdote belga Gregorio Lemercier, fundador y prior conventual del monasterio Santa María de la Resurrección —el mismo al cual acudió Leñero para terminar su novela Los albañiles, en 1963—, hizo pública la renuncia de su comunidad al sacerdocio jerárquico católico, debido que éste se oponía al psicoanálisis practicado por Lemercier y sus frailes.
La obra se estrenó la noche del 15 de octubre de 1968 en el Teatro Xola (ahora Julio Prieto) de la Ciudad de México. Leñero no estuvo presente en el estreno, ya que se encontraba en Europa. Allá se enteró de que en la función inaugural “la gente deliraba”, según Ignacio Retes, director de la puesta.
Desde entonces, los intereses expresivos de Leñero en el teatro se caracterizaron por el apego a problemáticas sociales, históricas y religiosas, así como por la experimentación —tanto en el argumento como en la puesta— del realismo extremo.
Este primer volumen contiene, entre otras obras: Los albañiles (1969), Compañero (1970), La carpa (1971), El Juicio (1971), Los hijos de Sánchez (1972), La visita del ángel (1981), Martirio de Morelos (1983) y Las noches blancas (1988).
Cabe apuntar que no es el primer intento por compilar el teatro completo de Leñero. La UNAM lo hizo en 1982 con dos espléndidos volúmenes. Otro referente obligado son los dos tomos de Vivir del teatro publicados por Joaquín Mortiz. En éstos, no se reproducen argumentos, sino sucesos autobiográficos del dramaturgo en su paso por los escenarios.
Ahora, el Fondo de Cultura Económica reúne el testimonio definitivo de una de las obras más interesantes de la dramaturgia mexicana del siglo XX; pone el punto final
—según lo ha expresado el au­tor— a uno de los empeños más lúcidos por convertir en buen teatro una realidad que po­see, de modo natural, mucha dramaturgia.

-JLE

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