Desde hace meses, China prohibió la reencarnación del Dalai Lama. El “llamado Buda viviente reencarnado es ilegal e inválido sin la aprobación gubernamental”, señala el texto formulado por la Administración Estatal para Asuntos Religiosos del estado asiático.
Esta prohibición, en vigor desde septiembre de 2007, alcanza no sólo al Dalai Lama sino a todos los lamas, o sabios reencarnados, llamados tulkus.
De ahí se desprende la brutal represión a los lamas, enfocada en minar un poder espiritual com justificaciones de combate a la “ilegalidad”.
Pekín busca ahora prevenir que el sucesor del Dalai Lama, un dios de carne y hueso para los tibetanos, tenga también esa misma proyección, políticamente indeseable para la dominación china.
En 1995, el actual Dalai Lama anunció el hallazgo de la reencarnación del nuevo Panchén Lama. Era un niño nacido en 1989 en el seno de una familia pobre. Días después, el monasterio donde se hallaba fue tomado por la policía china. Desde esa fecha se desconoce el destino y lugar de detención del niño, considerado el preso político más joven del mundo.
Pero ahí no para la cosa. En 1996 las autoridades chinas designaron al hijo de un miembro del Partido Comunista como nuevo Panchén Lama. Pero sin un Panchén legítimo, el budismo tibetano no tiene forma de designar al futuro Dalai Lama.
Las represión del gobierno chino a blogueros que resultan “incómodos” a ese régimen ha sido sorteada de diversas maneras, como se muestra en este video: http://bitacoradenaufragios.blogspot.com/2008_04_10_archive.html
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