La imagen puede resultar graciosa: un reportero mexicano, en pleno enlace desde un sitio anegado, intenta mostrar la profundidad de un charco, pero, oh, no cuenta con que la referencia para medir la hondura inundada será su estatura. Digo que la imagen puede parecer graciosa, mas, luego de verla varias veces, da un poco de pena. Por cierto, a este desdichado le dieron dos balazos en junio de 2007, hecho al que sobrevivió, aunque, de seguir con tan mala fortuna, podría engrosar la lista de los reporteros caídos en cumplimiento del deber. Mientras, se ganó un chapuzón involuntario quizá también inmerecido (sus compañeros en el estudio, poco solidarios, callan, un tanto indiferentes y desconcertados, porque no saben qué decir; grandes “profesionales” ellos):
El video del asalto al Congreso de los Diputados que da origen al libro (grabado el 23 de febrero de 1981), desde la visión de TVE. Incluye algunos fragmentos pocas veces vistos y testimonios de los cámaras de la televisión oficial española:
De los montajes que circulan en internet, este me parece gracioso. La rola es de Paquita la del barrio, una cantante popular mexicana. La imagen, la de la famosa Susan Boyle. El resultado es chistoso para quien conoce a ambas:
Para quienes en México han visto la campaña publicitaria de la cerveza Superior, en la que aparecen mujeres bellísimas (rubias, por el eslogan “la rubia superior”), no será difícil relacionar el spot que protagonizan Nicole Kidman y una bebida. Al menos yo no pude pasar por alto esa relación:
¿Por qué en México la gente es más vulnerable al virus A H1N1? ¿Por qué éste resulta mortal?
Muchos coinciden en algo: la gente no tiene una cultura sanitaria o profiláctica que la lleve a buen resguardo; ni siquiera acude al médico cuando presenta síntomas de algún mal. Ah. ¿Y por qué? Dos reportajes de medios extranjeros han indagado en ello:
Ante la “discriminación” que dicen sentir algunos mexicanos por ser sometidos a estrictas medidas de control sanitario en varios países (por aquello del A H1N1, se entiende), hay quien se rasga las vestiduras y quien decide tomarlo con buen humor. Sendos ejemplos:
a) Raymundo Riva Palacio, periodista mexicano, escribe hoy en el diario español El País:
“Los mexicanos nos sentimos adoloridos, y las llamadas a los noticieros (sic) de radio de la capital mexicana, son la narrativa cotidiana de esta herida abierta. Estamos sometidos a la estigmatización global, que va desde las discriminaciones que denuncia el gobierno, hasta demandas más radicales, como aquellos en Estados Unidos que exigen que el presidente Barack Obama cierre su frontera sur para frenar la llegada de posibles enfermos que puedan extender el contagio en esa nación. Qué poca memoria.” Ver artículo completo.(Las negritas las puse yo, para acrecentar el dramatismo.)
Veneno para las hadas (1984) es otra película de Carlos Enrique Taboada, un director de cine mexicano cuyo mayor mérito es desarrollar buenos libros cinematográficos. Aunque sus películas, a mi gusto, son mejorables en dirección actoral y en realización (tal vez en montaje), no le pongo ningún pero a los relatos. Son cuentos excelentes.
Veneno para las hadas era aún más difícil de conseguir que los clásicos El libro de piedra, Hasta el viento tiene miedo y Más negro que la noche, pero, gracias a YouTube, por fin pude verla. Aunque algunos se empeñan en integrarla a la trilogía antes mencionada, para formar una tetralogía, yo difiero. Se trata de una historia que no encajaría en el horror de las anteriores y bien podría catalogarse, si se me permite, como de “horror infantil”, y no escribo esto de modo despectivo, sino como un afán de clasificar este cine entre fantástico y real que, para un niño, debe significar mucho más que para cualquier adulto. El título es estupendo y la historia también, aun cuando debo aceptar que se alarga innecesariamente por momentos. Acaso su aliento debió ser de cortometraje.
Hallé varias fichas técnicas en internet, pero ninguna de las que encontré me pareció confiable (los datos son erróneos, confunden los nombres de la protagonista, sobrevaloran la cinta o la menosprecian sin sustento), así que me limitaré a reproducir una microficha con datos fundamentales: Año: 1984; guión y dirección: Carlos Enrique Taboada; producción: Héctor López. Quienes forman parte del culto por Taboada agradecerán los siguientes links. Como en YouTube los fragmentos de video son breves, la película está en nueve partes:
Dicen, quienes saben, que soñar se refiere tanto al acto de dormir como al deseo de hacerlo, mientras que ensueño se relaciona más con las representaciones fantásticas que experimentamos cuando dormimos (la Wikipedia hace eco de esta distinción). Bien, sabemos que los perros duermen, pero en el video que sigue se demuestra que también son capaces de experimentar ensoñaciones (y de qué manera), casi de llegar al sonambulismo:
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