Las sombras errantes


Hay obras cuya novedad se mide no bajo parámetros cronológicos, sino por su carácter inclasificable, lo cual permite hallarlas innovadoras incluso cuando poseen ciertos años de aparición y son refrescadas por traducciones o reediciones. Este es el caso de Las sombras errantes, obra que se editó por primera vez en México al finalizar 2007 y es uno de los títulos con los que se ha dado a conocer el sello La cifra editorial.

Este libro, escrito por Pascal Quignard, obtuvo en 2002 el Premio Goncourt de Novela, en Francia. Su designación como obra galardonada de ese año estuvo inmersa en una polémica que aún no termina. Al no ser de fácil caracterización porque no se ciñe a los cánones de la novela, del ensayo o de la poesía, mezcla reflexiones eruditas, apuntes sobre lo cotidiano y una cosmovisión peculiar, literaria, histórica, social y metafísica, sin trama específica.

“Hemos elegido la perfección de un estilo, de un francés magnífico. Estamos ante un gran autor que ha escrito no una novela sino mil; cada párrafo es una novela en potencia y eso es lo que hemos premiado. Y al que no le guste, peor para él”, decía, tras el anuncio del premio, Edmonde Charles-Roux, presidenta del jurado –de acuerdo con información recogida en esas fechas por el diario español El Mundo-, respondiendo a una pregunta que ya se preveía: ¿cómo el Goncourt recaía en una obra de tan dudosa genealogía literaria?

Para atizar otro aspecto de la polémica, uno de los miembros del jurado, el escritor y ex Ministro de Cultura de España, Jorge Semprún, restó importancia al debate sobre si la obra de Quignard es o no una novela; el origen de su descontento era muy distinto: “El problema es que el libro no es innovador, no abre ninguna vía literaria nueva (…) Todo esto es finalmente muy parisino, muy parroquiano, muy chic, un puro camelo”, sostenía.

Y, curiosamente, ambos tenían parte de razón:

1. La obra de Quignard no se caracteriza precisamente por ser la más ortodoxa para novelar hechos, sino que es una prosa aforística, a veces poética y compendiosa, a veces reflexiva, pero nunca uniforme. Sus libros, a menudo, han sido situados como “tratados” para evitar las polémicas y contradicciones al revisar los discursos que reúnen.

2. También es cierto que no es el primer libro que echa mano de este recurso; los estantes de la historia poseen varios ejemplares de obras que se han ganado el título de antinovelas, de libros lúdicos e, incluso, de mamotretos –Rayuela, de Julio Cortázar, es el emblema latinoamericano por excelencia de la no-novela. Quizá una respuesta válida a Semprún sea que, ciertamente, Las sombras errantes no inaugura una nueva veta, sino que las continúa todas, explora muchos discursos, se regodea en ellos de forma audaz y eso es algo que, al final, el lector agradece.
Hasta ahora, el único cerrojazo al debate ha sido la persistencia del interés por este libro.

El título proviene de una de las tantas citas que Quignard reproduce en estas páginas: “¿Dónde están las sombras?”, pregunta Siagrio, último rey de los romanos, al morir bajo las órdenes de Clovis. Pero ¿a dónde, por qué se fueron esas sombras? ¿Qué sombras son? El autor revisa distintos episodios de la humanidad –desde el inicio de la edad media hasta el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York-, recorre las artes, el pensamiento, la filosofía y especula sobre el terror, sobre las guerras, sobre todo aquello que resulta sombrío: “La Segunda Guerra Mundial disolvió para siempre la idea de humanidad en la humanidad” (pág. 31).

Desde 1994, año en que se retiró de su trabajo editorial en Gallimard para dedicarse a la escritura, Quignard se ha convertido en un “solitario grave” –según la visión que tiene de sí mismo-, buscando un refugio que recuerda a su semi autismo infantil. El francés, nacido en 1948 en Verneuil-sur-Avre, se asume, además, como “un apasionado de tres cosas que quedarán del siglo XX: la etnología, el psicoanálisis y la lingüística” y como un escritor de historias que están más próximas al arte de contar cuentos que a la novela. Nadie que lo lea puede discutírselo.Esta es una obra interesante y reflexiva; las sombras que nos comparte pueden proyectarse desde el pasado, el futuro o quizá sean la historia misma, esa historia humana desvinculada de la realidad como el eco visual de algo que dejó de existir desde hace mucho, mucho tiempo.

-José Luis Enciso
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Autor: bitacoradenaufragios

José Luis Enciso (México DF, 1976). Escritor y promotor cultural. Es autor de Los condenaditos (Pre-textos, 2005), Premio Internacional de Cuentos Max Aub, y El amor antes y después del final del mundo (IMC, 2014). También ha obtenido el Premio Internacional de Cuento Ciudad de Zaragoza (2012) y ha sido incluido en antologías en Argentina, España y México, como Bella y brutal urbe (Resistencia, 2013). Actualmente combina su escritura con la coordinación de actividades culturales y redes sociodigitales del Fondo de Cultura Económica. @jlenciso

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