El hombre sintético (Parte IV / última)


4. El hombre sintético
Es interesante suponer que a partir de los nuevos cambios tecnológicos los hombres ya no se ven iguales a sí mismos. Para llegar a este punto, hemos tenido que hablar de varios conceptos, generados en su mayoría en las nuevas dinámicas e instrumentos de comunicación. ¿Ahí queda todo? ¿El hombre sintético es sólo el hombre conectado? No, no sólo es sintético por eso.

En efecto, las tecnologías avanzadas de nuestro tiempo, tan familiares en casa, pueden utilizarse, simultánea y paradójicamente para aislarnos de los vecinos y para conectarnos con quienes están al otro lado del mundo. Aquí, la relación, la noción de comunidad y de grupo está un tanto modificada.

De pronto nos encontramos con una ruptura del tiempo y del espacio tradicionales que en un principio puede asustar a cualquiera. Ciertamente la concepción de aquellos que tienen contacto permanente con el gran metamedium, del que ya se ha hablado, es distinta de quienes están en otras circunstancias. Es indudable que algunos de ambos bandos tiendan a caer en la tecnofilia o en la tecnofobia, pero ninguno podrá sustraerse al entorno informatizado. ¿Cuál es el fin de tanta informatización? Yo creo que la reproducción social, es decir, la sintetización del hombre mismo.

Esta idea de reproducción, de sintetización, está presente, pero poca conciencia hay de ello. Cuando alguien siente la necesidad de entrar en un juego de rol en Internet, cuando otro recurre a una prótesis mecánico-electrónica conectada a su cerebro, está buscando un viejo fin: sentirse completo. Tal vez, por primera vez en la historia de la humanidad, el acceso al metamedium está dando la conciencia de poder autoregenerarse, de volverse la lagartija a la cual la cola caída no le resulta una tragedia vital, pues tiene la capacidad de generar una nueva –basta echar un vistazo a la nueva biogenética, el genoma y la clonación.

Estamos ante los umbrales de una época triplemente tecnologizada, de hallar refacciones emocionales, de ocio, anatómicas o, incluso, sentimentales, gracias al gran metamedium y con él no sólo me refiero a Internet, aunque esta idea sea la más popular.

¿Y si esta nueva tecnología funcionara para construir comida nutritiva, barata, accesible para toda la gente que no tiene qué comer? ¿Y si de pronto nos convenciéramos de que existe un gran banco de órganos, a manera de refacciones, gracias al cual muchas vidas recuperarían la salud? Sin duda, estaríamos ante un nuevo esquema de humanidad, sintético, ecológico –con las reservas de un ecosistema controlado- y muy seguramente, feliz, con una nueva forma de conciencia: la de una inmensidad en la que el hombre es ya no sólo inacabado, sino inacabable, pleno, consciente del ciclo vital.

Pero por otro lado: ¿Y si de pronto la tecnología en realidad ya poseyera la vacuna en contra del cáncer, en contra del SIDA, pero a alguien le conviniera ocultarla para obtener recursos más jugosos que lo que puede redituarle el darla a conocer? ¿Y si aceptáramos de una vez por todas que este futuro depende no de la tecnología, no de la autoconcepción de la humanidad en general, sino de intereses de un puñado de hombres?

Una gran conflagración mundial seguramente mostrará los avances tecnológicos que en cuestiones militares han desarrollado los gobiernos que tradicionalmente han sido más destructivos. Es probable que participen cada vez menos hombres para atacar y muchos más para morir, debido a que la robótica no sólo existe en películas o se emplea con fines médicos. ¿Cuándo tendremos la oportunidad de ver su poderío en el desarrollo de tecnología con espíritu preservador y no destructivo?

El hombre sintético y los dueños del poder deben entender que las posibilidades de forjar una redistribución de oportunidades tienen que encaminarse en reproducir un modelo eco-tecnológico que le ayude a sintetizarse plenamente. Sólo de esta manera podremos hacer del mundo un lugar que se autoreproduzca de manera ecológica y equilibrada, donde lo “artificial” sea una perfecta paradoja de “natural”, y no que el primer concepto aniquile al segundo. ¿Será posible? El hombre sintético está siendo posible a pesar de todo. La cuestión fundamental es: ¿cuántas oportunidades tendrá para desarrollar su nuevo modelo?

Referencias:
*Colombo F. “La comunicación sintética” (1995), en G. Bettini; Colombo, F., Las nuevas tecnologías de la comunicación. Barcelona, Paidós.
*“Historia de Internet”, (2007)
en Wikipedia. URL: http://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_Internet

-JLE

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Autor: bitacoradenaufragios

José Luis Enciso (México DF, 1976). Escritor y promotor cultural. Es autor de Los condenaditos (Pre-textos, 2005), Premio Internacional de Cuentos Max Aub, y El amor antes y después del final del mundo (IMC, 2014). También ha obtenido el Premio Internacional de Cuento Ciudad de Zaragoza (2012) y ha sido incluido en antologías en Argentina, España y México, como Bella y brutal urbe (Resistencia, 2013). Actualmente combina su escritura con la coordinación de actividades culturales y redes sociodigitales del Fondo de Cultura Económica. @jlenciso

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