De la insulsa complejidad intelectual


1. La complejización del discurso o el pa qué tanto brinco estando el suelo tan parejo

A menudo, la intelectualidad se confunde con la complejidad, quizá porque el ejercicio del intelecto se basa en la complejización y no siempre el resultado de ese ejercicio alcanza la claridad deseada.

Una buena caricaturización de este gatuperio se ha difundido por internet en correos, foros y blogs, en los famosos —y tan anónimos como colectivos— “refranes para intelectuales”.

Acá van tres curiosos ejemplos en los que (a) reproduce el refrán dicho por y para un intelectual y (b) el refrán común:

(a) “El que embriológicamente es traído al mundo con el diámetro anteroposterior de la cavidad abdominal aumentado, no logrará reducir su contenido visceral por más intentos forzados extrínsecos de reforzar la pared en su infancia.”
(b) “El que nace barrigón, ni aunque lo fajen chiquito…”

(a) “Crustáceo que pierde su estado de vigilia, es arrastrado por las corrientes marinas.”
(b) “Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente.”

(a) “Ocúpate de la alimentación de aves córvidas y éstas te extirparán las estructuras de las fosas orbitarias que perciben los estímulos luminosos”.
(b) “Cría cuervos y te sacarán los ojos.”

2. La insulsa complejidad

Lo anterior es gracioso, pero no lo es el discurso “intelectualizado” que, aunque no sea su propósito central, confunde más de lo que explica. Los ejemplos son muchos. Me viene a la mente, así, de golpe, el caso de la reforma petrolera en México. ¿El debate ha aclarado algo? ¿Quienes se oponen a y quienes apoyan la reforma entienden lo que debate un grupo reducido de personas? ¿Es claro el mensaje en los medios de comunicación? ¿De quién es la culpa de tanto ruido? ¿Para qué diablos sirven los intelectuales complejos? ¿No convendría descomplejizar la intelectualidad o desintelectualizar la complejidad?

3. De la efectividad del discurso

Una respuesta a las preguntas anteriores, tomada de un texto escrito por Mario Benedetti:

Lingüistas

 

Tras la cerrada ovación que puso término a la sesión plenaria del Congreso Internacional de Lingüística y Afines, la hermosa taquígrafa recogió sus lápices y papeles y se dirigió hacia la salida abriéndose paso entre un centenar de lingüistas, filólogos, semiólogos, críticos estructuralistas y desconstruccionistas, todos los cuales siguieron su garboso desplazamiento con una admiración rayana en la glosemática.De pronto, las diversas acuñaciones cerebrales adquirieron vigencia fónica:

—¡Qué sintagma!
—¡Qué polisemia!
—¡Qué significante!
—¡Qué diacronía!
—¡Qué exemplar cetororum!
—¡Qué Zungenspitze!
—¡Qué morfema!

La hermosa taquígrafa desfiló impertérrita y adusta entre aquella selva de fonemas.

Sólo se la vio sonreír, halagada y tal vez vulnerable, cuando el joven ordenanza, antes de abrirle la puerta, murmuró casi en su oído: “Cosita linda”.

-JLE
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Autor: bitacoradenaufragios

José Luis Enciso (México DF, 1976). Escritor y promotor cultural. Es autor de Los condenaditos (Pre-textos, 2005), Premio Internacional de Cuentos Max Aub, y El amor antes y después del final del mundo (IMC, 2014). También ha obtenido el Premio Internacional de Cuento Ciudad de Zaragoza (2012) y ha sido incluido en antologías en Argentina, España y México, como Bella y brutal urbe (Resistencia, 2013). Actualmente combina su escritura con la coordinación de actividades culturales y redes sociodigitales del Fondo de Cultura Económica. @jlenciso

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