La crítica de la crítica


José Joaquín Blanco sólo escribe de sus amigos, lo cual es una manera de hacer crítica. Pero ocurre que Dios lo castigó con amistades mediocres.
Cristopher Domínguez Michael

Hacer crítica es más difícil de lo que se cree. Al menos, cuando se intenta poner en práctica la razón para, lejos de fobias o atavismos, situar en su justa dimensión aquello que se revisa.
En particular, en el mundo de las letras, hay personas que ejercen la crítica de dos maneras: sectaria y superficialmente. Ambas, ninguna más que la otra, dejan pasar muchos elementos de las obras que “analizan”, una por compromisos casi nepotistas y la otra por ignorancia o falta de preparación de quien la lleva a cabo.
Así, encontramos en las páginas de diarios, revistas y suplementos, obras “magníficas”, “pésimas” o, de plano, sin adjetivo, por la perversidad nacida de los compadrazgos o de la impericia de algunos reseñistas que tienen compulsión por firmar y subirse al barco de la promoción del libro reseñado.
En ocasiones, la crítica de la crítica termina siendo un gran ajuste de cuentas (basta leer el epígrafe venenoso de este post) y se olvida de la obra que la motivó.
Por eso, cuando uno se topa con textos que salen de los parámetros mencionados, queda agradecido.
Eso me sucedió con un texto de Miguel Barberena, ex director del ya desaparecido suplemento cultural Arena (del diario Excélsior) quien, además de generoso y mesurado, se muestra preciso al criticar un libro de crítica: el Diccionario crítico de la literatura mexicana, de Cristopher Domínguez Michael.
La reseña, titulada “Canon accidental” —la parodia es evidente—, apareció en el número correspondiente a junio de la revista AZ (http://www.revistaaz.com/).
Del texto aludido, capto las siguientes ideas:
Domínguez Michael:
a) tiene como astro sol de su sistema literario a Octavio Paz
b) admira en segundo término al ingeniero Enrique Krauze, en quien el crítico no escatima elogios
c) sabe emplear elegantemente el arte de la crítica para arrastrar por el fango a quienes no son sus amigos (como los compas del Crack)
d) el tono general de la obra, señala Barberena, es “admirativo”.
Aun cuando pudiese parecer contradictorio, el ejercicio de la crítica, en este caso, está bien empleado. Bordea entre el “está bien” y el “está mal” con argumentos y con ejemplos que derivan en juicios sobrios, como golpes y apapachos bien dados.
No sé si existan muchas reseñas de reseñas pero, en mi caso, la reseña de Barberena me impulsó a escribir este post, pues después de leerla me resultó más agradable que el libro, el cual, sobra decirlo, es el producto que puede esperarse de un crítico como Cristopher.

-JLE

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Autor: bitacoradenaufragios

José Luis Enciso (México DF, 1976). Escritor y promotor cultural. Es autor de Los condenaditos (Pre-textos, 2005), Premio Internacional de Cuentos Max Aub, y El amor antes y después del final del mundo (IMC, 2014). También ha obtenido el Premio Internacional de Cuento Ciudad de Zaragoza (2012) y ha sido incluido en antologías en Argentina, España y México, como Bella y brutal urbe (Resistencia, 2013). Actualmente combina su escritura con la coordinación de actividades culturales y redes sociodigitales del Fondo de Cultura Económica. @jlenciso

2 comentarios en “La crítica de la crítica”

  1. Señor reseñista:

    ¿Por qué la diatriba? en contra de otros de su misma especie. En lo particular yo no lo ubico a usted ni como sectario ni como superficial. Es un gran crítico. Como sea me agrada el tono de este texto. Lo leo después, maestro Enciso.

  2. Maestra Jeanette

    Me da gusto leerla en este humilde espacio. Pues verá: pensé que esta entrada podría confundirse más que con una diatriba con un ditirambo para los reseñistas-críticos que obran de buena fe, que trabajan y, sobre todo, que leen realmente acerca de lo que escriben. Acierta en decir que se trata de una diatriba, pero lo es sólo para quienes actúan de forma mezquina. Sé de algún caso en el que un “crítico” firmó un encomio para la solapa de un libro que jamás leyó y que fue redactado por el mismo autor de la obra encomiada. Luego, dicho encomio apareció en algún medio “prestigioso” como adelanto de la crítica al adelanto de la obra. Ja ja ja ja. Por desgracia, estas prácticas se dan entre individuos que pertenecen a la misma especie de quienes sí buscan trabajar de forma honesta. Ahora, el ser parte de esa especie –como usted le dice- creo que no debe hacer que omitamos lo que no nos gusta de ella sino al contrario: obliga a señalar los desacuerdos y a generar diálogo, que es lo que estamos haciendo aquí, lo cual le agradezco.
    Gracias por darme pie a la posdata. Gracias también por la inmerecida flor y por la visita.

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