No hay tal lugar (reseña de una reseña)


Una radiografía de la vida: la muerte
“¿Cuánto tiempo te queda a ti de vida?”, preguntó alguien a Lucas Caraveo con una naturalidad paralizante. 164Lucas se desconcertó, reaccionó como cualquiera ante tal cuestión. ¿O acaso quien lee estas líneas —acaso quien las firma— podría no inquietarse ante la prefiguración exacta de su fin terrenal? Sólo los personajes que habitan el valle de San Sóstenes en No hay tal lugar (Alfaguara, México, 2003. 138 pp.), asumen su estancia en la antesala de la muerte con serenidad ante lo irremediable de sus desahucios.
Esta concepción de la muerte, no como banco de lamentaciones sino como compañera natural en el fin de cualquier camino, sirve a Ignacio Solares (Ciudad Juárez, 1945) para recrear, fundado en concepciones rarámuris, un mítico paraje —San Sóstenes— enclavado en la Sierra Tarahumara al que llegan desahuciados que son atraídos por la idea de que en tal sitio hallarán ayuda a bien morir. Ernesto Ketelsen, un ex sacerdote jesuita, ha propiciado ahí una comunidad de enfermos terminales que conviven de modo distinto al resto de la sociedad —la delincuencia y el uso de dinero han sido erradicados— y se rigen por el principio de que la eutanasia, como la obstetricia, debería ser un correctivo natural —y humano— ante desventajas biológicas sin remedio.
Frente a tal postura, Lucas Caraveo, sacerdote jesuita, es enviado por su prior a investigar esa zona. A su arribo descubre que lejos de un valle de moribundos quejosos el sitio es una región improbable donde el dolor se encapsula en el cuerpo y no se deja llegar a la mente, por lo que jamás se vuelve sufrimiento; el fin de la vida es aceptado como un compañero más. Este hecho —aunado a los ritos tarahumaras, católicos y parapsicológicos que atestigua— lo confronta consigo mismo y lo mueve, como al lector, a reflexiones que lo habrán de inducir al interés por la verdadera fisonomía de Dios y de su alma.
No hay tal lugar es una buena historia poblada por los fantasmas recurrentes en el universo de Solares –Greene, Freud y Jung— que además alegoriza el paradigma de felicidad en el mundo moderno a la manera de medir la desgracia por la anchura de las ambiciones.

No hay tal lugar
Ignacio Solares
Alfaguara, 2003, México, 138 páginas
.
—JLE

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Autor: bitacoradenaufragios

José Luis Enciso (México DF, 1976). Escritor y promotor cultural. Es autor de Los condenaditos (Pre-textos, 2005), Premio Internacional de Cuentos Max Aub, y El amor antes y después del final del mundo (IMC, 2014). También ha obtenido el Premio Internacional de Cuento Ciudad de Zaragoza (2012) y ha sido incluido en antologías en Argentina, España y México, como Bella y brutal urbe (Resistencia, 2013). Actualmente combina su escritura con la coordinación de actividades culturales y redes sociodigitales del Fondo de Cultura Económica. @jlenciso

1 comentario en “No hay tal lugar (reseña de una reseña)”

  1. Eso de que el dolor no llegue a la mente y por ello no se convierta en sufrimiento, es casi la felicidad.
    Me gustaría encontrar ese sitio (aunque sea dentro mío)
    Gracias por la devolución del link.
    Un beso
    P.D.: Excelente reseña, motivada por lo que sea…

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