De la educación nacional


burro

Hace algún tiempo, un amigo me hizo llegar por correo electrónico una columna de Miguel Ángel Sánchez de Armas (que ahora puede leerse en línea desde el portal de la revista Razón y Palabra). El columnista relata en ella un episodio ocurrido en alguna escuela nacional, a propósito de un personaje histórico: El Pípila.
Aun cuando puede parecer ficticiamente gracioso, Sánchez de Armas jura que es real. Acá lo comparto:

A propósito de mi pregunta sobre el nivel de conocimiento de historia entre nuestra clase gobernante, una lectora me manda una anécdota que jura es verdadera. Da nombre, clave y ubicación de la escuela e identifica a los personajes, mas me pide guardar en reserva esa información, por razones que el lector apreciará:
Un inspector de la SEP se presentó en el plantel para evaluar la materia de historia. Bajo la supervisión de un profesor, interrogó a un alumno elegido al azar: “¿Me podrías decir el nombre de la persona que quemó la puerta de la entrada de la Alhóndiga de Granaditas?” El joven bajó la cabeza. Estaba nervioso y sudaba.
—Bueno si no me puedes decir el nombre, dime al menos su apodo.
—La verdad no lo sé, pero le aseguro, por mi madre santa, ¡que yo no fui!
Otro joven tomó la palabra y dijo: “Inspector, yo conozco a Luis desde hace más de 5 años y es uno de los chicos más tranquilos de esta colonia, yo le puedo asegurar que él no fue”. El inspector imaginó que se trataba de una broma y ordenó a los chicos ir a la dirección de la escuela. El maestro intervino: “Señor inspector, estoy seguro que ellos no fueron, ambos son muy tranquilos y si no se saben el apodo, ni el nombre del que quemó la puerta de la Alhóndiga, es porque ellos no se juntan con pandillas… Estoy casi seguro que eso más bien lo hicieron los del turno de la tarde”.
El Inspector no se pudo contener y salió hecho una furia a la dirección, en donde dijo que pedirá la remoción del maestro. Pero el director, alarmado, objetó: “No haga eso. Además de impartir historia, ese maestro también da biología, civismo y literatura, nunca falta a clases y ya lleva aquí 14 años trabajando. En esta colonia no es fácil conseguir maestros, además tenemos el problema del Sindicato, que se nos echaría encima. Mejor dígame qué tan dañada quedó la puerta por el incendio y veremos si se puede reparar, y si no pues ya en última instancia hacemos una cooperacha entre maestros y padres de familia y mandamos comprar una puerta nueva para la Alhóndiga. Total, ¿qué tan cara puede salir?”
—JLE

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Autor: bitacoradenaufragios

José Luis Enciso (México DF, 1976). Escritor y promotor cultural. Es autor de Los condenaditos (Pre-textos, 2005), Premio Internacional de Cuentos Max Aub, y El amor antes y después del final del mundo (IMC, 2014). También ha obtenido el Premio Internacional de Cuento Ciudad de Zaragoza (2012) y ha sido incluido en antologías en Argentina, España y México, como Bella y brutal urbe (Resistencia, 2013). Actualmente combina su escritura con la coordinación de actividades culturales y redes sociodigitales del Fondo de Cultura Económica. @jlenciso

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