El ejército mexicano y la impunidad


Siempre he creído que el ejército mexicano es una institución que no tiene razón de ser. Enredado con frecuencia en abusos, foco de impunidad y despotismo resguardado tras las armas, órgano impenetrable a la transprencia y la rendición de cuentas, lo único que justifica el presupuesto que se le asigna para subsistir son sus labores de protección civil. Muchas de ellas serían mejor realizadas por cuerpos, precisamente, entrenados en el auxilio a la ciudadanía ante ciertas emergencias, principalmente en situaciones de desastres naturales. Y es en aquel punto, en la “protección”, en el que a últimas fechas se han disparado las quejas contra los militares, por excesos y “presuntos” delitos, desde que el presidente Felipe Calderón decidió sacarlos a las calles para combatir a la “delincuencia organizada”.

El diario El País publicó una nota interesante al respecto. Antes de pegar el link, un ejemplo de los múltiples abusos de los militares (incluido en el texto de Pablo Ordaz):

Ninguna de las cuatro muchachas había cumplido aún los 18 años. Los soldados las subieron a la fuerza a un helicóptero. Las amenazaron con tirarlas al mar para que confesaran sus supuestos vínculos con el narcotráfico. Las insultaron, las golpearon, las violaron con el mayor de los desprecios: “Pinches putas, al final es lo que les gusta…”. Uno de los soldados le quitó una estampita de la Virgen María a una de las jóvenes, hizo una bolita y se la introdujo por el ano mientras le decía: “Ni la Virgencita te va a salvar”. En teoría, los militares buscaban a los responsables de una emboscada sufrida por un destacamento en la que fueron asesinados cinco soldados, pero en la práctica, la reacción se convirtió en una venganza indiscriminada contra la población. Además de violar a las cuatro menores, los soldados detuvieron ilegalmente a 36 personas más y asaltaron 30 casas, llevándose todos los objetos de valor que encontraron…

La nota completa, en El País

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Autor: bitacoradenaufragios

José Luis Enciso (México DF, 1976). Escritor y promotor cultural. Es autor de Los condenaditos (Pre-textos, 2005), Premio Internacional de Cuentos Max Aub, y El amor antes y después del final del mundo (IMC, 2014). También ha obtenido el Premio Internacional de Cuento Ciudad de Zaragoza (2012) y ha sido incluido en antologías en Argentina, España y México, como Bella y brutal urbe (Resistencia, 2013). Actualmente combina su escritura con la coordinación de actividades culturales y redes sociodigitales del Fondo de Cultura Económica. @jlenciso

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