El Nobel, un premio polémico


(Foto: Reuters)

Hoy, la entrega de los premios Nobel ha alcanzado nuevamente esa dosis de polémica de la que se había librado en años recientes. Específicamente lo hizo en la recepción del que corresponde al rubro de la Paz, otorgado a Barack Obama. Éste, ya lo han dicho los medios, justificó la guerra como medio pacificador. Mi intención no es ocuparme de esta extraña contradicción, común sólo entre los gobernantes, sino del premio Nobel de Literatura, otorgado en esta ocasión a Herta Müller, y de lo que implica. No tengo objeción alguna contra la designación de Müller como beneficiaria, debo subrayarlo, pero me llama la atención que en ocasiones este premio resulta más una maldición que un beneficio (el caso Obama también puede fungir de buen ejemplo, cuando la incongruencia de los galardonados se hace evidente).

Hace unos meses escribí “Por qué nunca debes aceptar el Premio Nobel”, como reflexión a unas declaraciones en las que la británica Doris Lessing se arrepentía de haber aceptado ese galardón en 2007. Admito que ya no recordaba este post, pero lo que me lo trajo a la memoria fue hallarlo, reposteado, en el blog Premios Nobel de Literatura. Lo que en ese tiempo escribí como un chascarrillo, ahora, con esta premiación, comienzo a contemplarlo como algo a lo que le otorgo mucha seriedad. Debido a ello, acá lo comparto nuevamente (También dejo este link: se trata de un brevísimo análisis, hallado en El Universal, de los escritores que fueron y han sido eternos candidatos al Nobel de Literatura):

Por qué nunca debes aceptar el Premio Nobel

Releí una nota en la que la británica Doris Lessing se arrepiente de haber aceptado el Premio Nobel de Literatura en 2007. Acá pego el link  a la nota (basada una entrevista concedida por la escritora a la BBC) y sugiero algunas razones por las cuales el Nobel puede convertirse en un paraíso infernal, por lo que nunca debe ser aceptado:

a) La fama (“todo lo que hago es conceder entrevistas y dejarme hacer fotos” dice Lessing. ¿A qué hora leer? ¿A qué hora escribir?).

b) La transvaloración (hay pocos lectores y muchos admiradores. Los segundos siempre resultan molestos, desde luego: “Ay, yo soy su admiradora, me encanta su novela… la que… cómo se llama… es muy linda… en la que hay una chica que… bueno, también está esta otra en la que usted llega, se baja del auto y se encuentra con, es decir, no usted, sino el protagonista, ay, no qué tonta, esa es de Vargas Llosa, no, no, bueno, lo admiro mucho…).

c) La desconfianza (mientras el medio intelectual hace decantaciones curiosas, el Nobel puede convertirse en una etiqueta maldita: “Claro, le dieron el Nobel como premio a sus servicios al régimen de fulanito”).

d) El dinero (un recurso agotable. “En dos años no quedará nada. Para colmo mi contador me dice que tengo que deshacerme de ese dinero. Tengo que darlo sino el recolector de impuestos se quedará con todo”, ha dicho Lessing. Además, si vives en México, te vuelves secuestrable).

e) Los contratos editoriales (“No nos importa qué sea, queremos más traducciones del autor; debemos aprovechar el Nobel. No, la calidad es secundaria, si le dieron el galardón es que la tiene aun cuando lo que busquemos traducir esté entre las obras que el mismo autor intenta esconder”, podría decir cualquier vivaz editor).

f) La consagración (Viene tras la vejez o la muerte del galardonado: “Hemos encontrado tres libretas con apuntes diarios, notas, pensamientos y textos inconexos en las que ‘el maestro’ manifestaba su visión de la vida. No, nunca fueron pensadas para publicarse, pero ahora, a 10 años de la muerte del Nobel, la editorial XYZ ha decidido recordar a ese grande de las letras universales con esta nueva edición. Ah, por cierto, cuenta con todo el respaldo de la viuda y de los herederos”.  ¡Jo! No importa que tú jamás hayas querido publicar un relato o un capítulo de alguna novela. Si lo encuentran cuando estás muerto,  zaz, ya está, a revolverse en la tumba). 

Recomendación: No estaría mal tener en estado latente un virus informático, devastador e infalible contra el disco duro, guardado en la computadora. Es más, le das un acceso directo en un lugar siempre visible. Si no puedes hacerlo tú, en tu testamento indicas, como punto número uno, que se dé doble click sobre ese ícono, y ya está: te cargas cualquier modo de atentar contra tu honor y tu buen nombre.

De cualquier forma: nunca, por ningún motivo, aceptes el Premio Nobel.

-JLE

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Autor: bitacoradenaufragios

José Luis Enciso (México DF, 1976). Escritor y promotor cultural. Es autor de Los condenaditos (Pre-textos, 2005), Premio Internacional de Cuentos Max Aub, y El amor antes y después del final del mundo (IMC, 2014). También ha obtenido el Premio Internacional de Cuento Ciudad de Zaragoza (2012) y ha sido incluido en antologías en Argentina, España y México, como Bella y brutal urbe (Resistencia, 2013). Actualmente combina su escritura con la coordinación de actividades culturales y redes sociodigitales del Fondo de Cultura Económica. @jlenciso

2 comentarios en “El Nobel, un premio polémico”

  1. Vale. si algún me lo quieren dar (cosa que para empezar se me hace poco, por no decir que nada probable) se los tiraré por la cara! 😉

    Saludos!

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