Antología de narradores de Quebec: ¿un continente a la deriva?


Poco útil resulta elaborar una recopilación histórica de las novelas cortas en las letras quebequenses; el riesgo de no hallar material suficiente para hacerlo es alto. El género, ligado de modo indisociable a la historia de la región geográfica donde fue escrito, no pudo desarrollarse con amplitud bajo el dominio de usos característicos —nomadismo principalmente— del pasado de Quebec. En cambio, el cuento halló con tales costumbres un ambiente propicio para su práctica debido a la tradición oral que impera en las sociedades de corte agreste. Por ello, la novela corta vivió soterrada durante mucho tiempo en aquella provincia, en ese “pueblo sin país” cuya gente optó por no hacer historia, “o que no optó por nada”.

Así lo afirma Gilles Pellerin, compilador de ¿Un continente a la deriva? Antología de narradores de Quebec (FCE, 2003), al preguntarse si la novela corta en esta región canadiense “¿es un género sin historia?”

Tal interrogante es una trampa de doble sentido: la ausencia aludida por Pellerin no sólo hace referencia a la falta de registro histórico del género en los anales de esta latitud francófona, sino a la manera en que éste aparece escrito, a la “historia” que en él se cuenta. “A este respecto resulta notable que la tendencia actual se oriente hacia la reducción del lugar que ocupa la acción en la construcción del texto. La tensión se atenúa, la crisis (a la que respondía la caída del texto, como el acorde final en una cadencia musical) es sustituida por la languidez, una astenia que afecta tanto al paisaje como al transcurrir de los días. En ese sentido, ¡la novela corta se ha convertido en un género sin historia!”, sostiene el compilador en el prólogo de la colección.

Visto desde dos enfoques, las 17 narraciones que componen la muestra responden la interrogante de la siguiente manera:

1) Sentido histórico: No puede hallarse a la deriva un continente —naufragio sugerido en el título de este volumen— que genera, de modo genuino, su propia literatura y que escribe en ella su visión del mundo. Esto se ha hecho evidente con la novela corta de Quebec —llamada indistintamente “cuento” en la traducción de esta antología— al ser publicadas, desde mediados de los años 80 del siglo XX, obras de este tipo. A ello favoreció la aparición de dos revistas: XYZ y Stop, así como de la editorial L’Instant même —sello que ha publicado más de cien libros del género y que edita, en Canadá, la mayor parte de los textos antologados.

2) Sentido de la “historia” que se relata: Sí hay historia, eso que algunos llaman “anécdota desarrollada”, aunque diluida; la sorpresa en el cierre del texto cede su sitio al final anunciado, disuelto a lo largo del relato. Lo que en realidad languidece son los rasgos de los personajes: Si en tales escritos los protagonistas manifiestan déficit onomástico —dice Pellerin—, es porque la brevedad del género obliga al autor a limitarse a lo esencial, en lo que no está incluida la identidad completa con nombre, apellidos, domicilio, estado civil; el héroe de la novela corta contemporánea está marcado por la soledad.

Dadas estas características, comunes a la producción literaria vigente en otras regiones del mundo, los temas que el lector ha de encontrar en cada uno de los textos son variados, pero con rasgos que los hermanan. Por ejemplo, no hay referencias explícitas de Quebec. Montreal y algunas otras zonas de esa provincia son citadas, mas ninguna de ellas resulta un escenario condicionante de las historias. Acaso pueden encontrarse alusiones locales en dos relatos; de modo específico en la ficción de Monique Proulx “Sí or No”, cuando habla de: “Un país confuso engarzado en uno grande y blando. El pequeño no cuenta con papeles oficiales que atestigüen que en efecto se trata de un país”. Este nacionalismo —peculiar y complejo del pueblo quebequense— se manifiesta en la literatura de esta región como un hecho de naturaleza más que de reclamo.

Las páginas de esta colección se alejan del regionalismo previsible en toda obra cuyo propósito sea mostrar el trabajo literario realizado en una latitud específica y se asemeja más a un abanico de matices. Discurren entre la dimensión íntima y social de los personajes que las habitan; van de la remembranza por una niñez no del todo perdida a la crudeza de las vidas infantiles marginales; de aspectos humorísticos —cáusticos algunas veces— a la desdicha; en ellos se omiten los tratamientos fantásticos aun cuando algunos de los autores —en especial Bertrand Bergeron, cortazariano manifiesto— han sido influenciados por la literatura latinoamericana de ese corte.

La construcción discursiva que predomina en estas ficciones se basa en el estilo indirecto de relatar; presenta pocos diálogos y mucha narración en tiempo presente lo cual remite a un ritmo casi visual.

De este modo, el trastrocamiento en la vida de una pareja después de la muerte de sus dos hijos, las desventuras compartidas por cinco chicos marginales en un mismo refugio y los retratos de las distintas mujeres que una misma prostituta encarna, son muestras de la variedad de temas que sustentan estas narraciones, algunas de las cuales, por cierto, no rebasan dos páginas en extensión.

Esta obra es la manifestación colectiva de una personalidad literaria sin densos patrones que la ensombrezcan. Pensar que refleja toda la literatura quebequense sería erróneo: es obvio que ninguna compilación consigue ese propósito. Incluye, eso sí, su esencia: la visión puesta al día de autores representativos, evidencia de que la pretendida falta de tradición narrativa en esta provincia canadiense es, desde hace tiempo, una falacia.

Autores y textos compilados:

Susane Jacob, Temporada de fresas; Sylvie Massicotte, Bautista; Jean-Paul Beaumier, Hay pollo por si tienes hambre; Robert Lalonde, La feria; Michel Dufour, Cinco en un escondite; Jean Pierre Girard, La amante de mi padre; Monique Proulx, or no; Louis Jilicœur, Nadette y otros nombres; Gaëtan Brulotte, Taller 96 sobre las generalidades; Roland Bourneauf, La aparición; Hans Jürgen Greif, Su último amante; Diane-Monique Daviau, Pasaje; Marie José Thériault, Retratos de Elsa; Huges Correiveau, El coleccionista de aliento; Aude, Los perros; Pilles Pellerin, Los ojos del diablo y Bertrand Bergeron, La mirada diferida.

¿Un continente a la deriva? Antología de narradores de Quebec,
Selección y prólogo de Gilles Pellerin
Traducción: Laura López Morales y Margarita Montero
Colección Tierra Firme
Fondo de Cultura Económica, México, 2003
272 pp.

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Autor: bitacoradenaufragios

José Luis Enciso (México DF, 1976). Escritor y promotor cultural. Es autor de Los condenaditos (Pre-textos, 2005), Premio Internacional de Cuentos Max Aub, y El amor antes y después del final del mundo (IMC, 2014). También ha obtenido el Premio Internacional de Cuento Ciudad de Zaragoza (2012) y ha sido incluido en antologías en Argentina, España y México, como Bella y brutal urbe (Resistencia, 2013). Actualmente combina su escritura con la coordinación de actividades culturales y redes sociodigitales del Fondo de Cultura Económica. @jlenciso

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