Hacia una teoría de los hijos de las palabras impronunciables


Sucedió ayer. Manejaba. Mientras, oía circunstancialmente el noticiario radiofónico de Jacobo Zabludovsky. De 1 a 3, se llama. Una serie de reportes de nota roja, asesinatos, desde distintos lugares de México a los que en la emisión se les da el nombre de “frentes” —así, con ecos marciales—, era titulada “el parte de guerra”. De entrada me llamó la atención, me pareció un tanto gracioso —tendencioso, por supuesto, pero simpático— ese falso candor pueblerino. “Sálvese quien pueda”, remató Zabludovsky al finalizar la sección. Supongo que siempre lo hace cuando termina el segmento, con esa exageración nasal a la que tantos mexicanos se acostumbraron en los tiempos de la hegemonía del PRI y en los que este personaje ejercía un pontificado televisivo al ser el único noticiario con cobertura nacional. El falso candor pueblerino me pareció ya un tanto excedido. Lo curioso comenzó cuando, tras un corte comercial, Zabludovsky empezó a recomendar los libros que leería el próximo fin de semana —por cierto, con un estilo casi cómico de tan impostado, agradecía a los autores el envío de las obras cuando, sabemos, quienes las mandan a los medios son las editoriales, con fines promocionales—. Después de alguna mención de otro título agradeció a Marcelino Cerejido (sic) —el apellido correcto es Cereijido— el envío de “Hacia una teoría general sobre los hijos de…” y aquí se quedó callado, que esa palabra no podía decirla por radio y usó entre 15 y 20 segundos para explicar la definición eufemística de la impronunciable palabra “puta” que le habría ahorrado entre 13 y 18 segundos de la explicación, en la que mencionó dos veces más al autor “Cerejido” (valgan sendos sic). Aquí fue cuando ya no entendí los criterios de don Jacobo al presentar la información. Veamos: primero nos comunica el saldo de  nota roja engrosado por asesinatos de los cuales no se conocen las causas pero nos dice que son obra de una guerra, que ésta se da en varios frentes y nos incita a salvarnos a como dé lugar, lo cual —díganme si voy errado— emplea la forma de la farsa teatral —no me refiero a la periodística— perfilada en la Wikipedia así: “Se caracteriza por mostrar hechos exagerando la realidad (…) Muchas veces criticando situaciones de tipo social”. Olvidemos que esta farsa se da en un noticiario y lo que ello implica, dejemos de lado, también, que el conductor de la emisión no leyó correctamente el apellido de un autor, ¿qué resulta más ofensivo: una farsa liviana —para hacer más vendible la información, ligando sucesos que probablemente no tengan vínculo—, un error de lectura o una palabra? En todo caso, la palabra omitida, la impronunciable, es considerada “mala” y por ello excluida. ¿No resultará más mala la invención “Cerejido” por imprecisa y vana —un sinsentido— que el vocablo “puta”, tan preciso? ¿O no será peor la frase “frente de guerra”, más altisonante aún, porque se aventura a juzgar una realidad sin demasiado esfuerzo (esto, en un noticiario, claro)? ¿Qué tipo de valorización permite censurar la falsa mala palabra —que en realidad es la buena— y le permite tal impunidad a la falsa buena palabra —que en realidad es la mala— y a la aventura informativa?

Cerremos el tema con un fragmento de Hacia una teoría general sobre los hijos de puta (Tusquets 2011): “A medida que las cosas funcionan con un grado cada vez más alejado del espontáneo, la tendencia a desorganizarse y corromperse es más intensa y, en cuanto un sistema se descompone y se corrompe, se transforma en campo fértil para que brote la hijoputez”, ¿será?

Imagen de Jacobo Zabludovsky

—José Luis Enciso

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Autor: bitacoradenaufragios

José Luis Enciso (México DF, 1976). Escritor y promotor cultural. Es autor de Los condenaditos (Pre-textos, 2005), Premio Internacional de Cuentos Max Aub, y El amor antes y después del final del mundo (IMC, 2014). También ha obtenido el Premio Internacional de Cuento Ciudad de Zaragoza (2012) y ha sido incluido en antologías en Argentina, España y México, como Bella y brutal urbe (Resistencia, 2013). Actualmente combina su escritura con la coordinación de actividades culturales y redes sociodigitales del Fondo de Cultura Económica. @jlenciso

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