El imperialismo andaluz, de Antonio Castro Leal


Por poco dinero compré El imperialismo andaluz (FCE, 1984) libro de Antonio Castro Leal, en una feria libresca de México, DF. Hallé en su lectura originalidad, imaginación y un amplio cuerpo de referencias, generalmente profundas, clavadas en la ética, la lógica y la filosofía. Nada denso ni aburrido, no vayan a creerse cosas.

Su universo se compone de historias marcadas por el ámbito académico y estudiantil de la Escuela Nacional Preparatoria de principios del siglo XX, en México. Los temas, variados: metafísicos, científicos e históricos que tocan constantemente el positivismo de los años prerrevolucionarios así como a personajes reales: Antonio Caso con políticos y profesores ficticios.

Diez historias forman la colección. La primera, la más extensa, recrea la visión de un español que llega a México, con apenas algunas pesetas en los bolsillos, y debe enfrentar, antes de volverse un millonario banquero, los tormentos de la Revolución Mexicana.

Se titula “El laurel de San Lorenzo”. De prosa destacable y descripciones que no rehúyen a una poética colorida —“Las montañas comenzaron a tomar forma, sobre el fondo de un cielo que fundía el azul y el oro en suaves tintes de jade”—, la anécdota de esta primera historia es un pretexto para exponer la visión de Castro Leal acerca del carácter mexicano:

“Yo quiero a México, lo quiero hondamente. Soy español, pero ya no podría vivir en España. Y en medio de aquel paisaje me puse a pensar en México. El pueblo a donde íbamos se defendía del viajero. Pero no con serranías abruptas, ni con barrancas y acantilados. Iba poniendo delante de nosotros, como hacen los mexicanos, un cortés pretexto. Uno tras otro. Trasponéis una loma y, después de una planicie toda cortesía, otra loma accesible, amable. Y así, loma tras loma, hasta que al final os fatigáis.”

Al final, el asunto del relato, lejos de lo antropológico, consigna la barbarie revolucionaria y la dignidad de un poblado, así como el ejercicio de la justicia.

El resto de los textos mantienen el tono de ejercicio de lógica y reflexión. En “Adriana”, una mujer que no se siente hermosa marca la diferencia entre el amor y el compromiso, pues al final, la devoción que la hace cambiar de destino parece más un escape que una convicción. La racionalidad en que se fundamenta la relación de la mujer llamada Adriana y el narrador da pie a que en la historia aparezca una serie de referencias y opiniones de personas “cultas”. Un parangón ideal de este vínculo es el afán del narrador de “escribir un libro artificial e ingenioso, que no dijera nada, pero con el mejor estilo del mundo”. Así fueron sus encuentros con Adriana.

Hay también un conflicto diplomático y de espionaje en “El príncipe Czerwinski”: un mexicano se ve envuelto en él y, como buen espécimen de su raza, lo atribuye a sus dotes de héroe y a su valor.

“En el espía del alma”, “El cazador del ritmo universal” y “El coleccionista de almas”, tres relatos distintos, la ciencia y la metafísica, así como una irónica habilidad para cuestionar tales asuntos, hacen que el narrador despliegue interesantes juegos de lógica e inteligencia.

Hay dos aventuras estudiantiles “El examen de física” y “El dragón pragmatista”, otro relato llamado “Un día de sol en otoño” y cierra la colección el texto que le da título: “El imperialismo andaluz”. En él, un estudiante, desafiado por su profesor alemán, intenta demostrar que el futuro pertenece al pueblo mediterráneo con una cátedra de ironía hacia la visión de los espíritus superiores.

Castro Leal formó parte del grupo de los Siete Sabios Mexicanos, también llamado Generación del 15; contaba con una sólida formación académica — doctor en derecho por la Universidad Nacional, y en filosofía por la Universidad de Georgetown, en Washington—, vastedad de información y era elocuente en sus referencias, lo cual reflejaba en sus obras.

El imperialismo andaluz es un volumen que se publicó en el número 60 de la colección Lecturas Mexicanas, coeditada por el Fondo de Cultura Económica y la SEP en 1984, tres años después de la muerte del autor. Antes, un volumen casi idéntico, salvo por dos relatos que ya no se recogieron —“La literatura no se cotiza” y “Una historia del siglo XX”—, apareció El laurel de San Lorenzo en 1959, en la colección Letras Mexicanas del FCE.

Es un libro interesante que podría emparentarse con los de Mauricio Magdaleno, Francisco Rojas González y Carlos González Peña —de quien Castro Leal era su mejor crítico, según afirma Emmanuel Carballo— por temas y temporalidad de sucesos que registran, así como por los placeres que genera su lectura.

Comparto un enlace para leer el texto que da título al libro desde un estupendo blog antológico de relatos, elaborado por trabajadores jubilados del Metro de México, DF: El cuento desde México

—José Luis Enciso

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Autor: bitacoradenaufragios

José Luis Enciso (México DF, 1976). Escritor y promotor cultural. Es autor de Los condenaditos (Pre-textos, 2005), Premio Internacional de Cuentos Max Aub, y El amor antes y después del final del mundo (IMC, 2014). También ha obtenido el Premio Internacional de Cuento Ciudad de Zaragoza (2012) y ha sido incluido en antologías en Argentina, España y México, como Bella y brutal urbe (Resistencia, 2013). Actualmente combina su escritura con la coordinación de actividades culturales y redes sociodigitales del Fondo de Cultura Económica. @jlenciso

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