Felipe Calderón y su “temperamento hirviente”, en nuevo libro de Julio Scherer


El fin de semana pasado comenzó a circular en librerías del Distrito Federal el libro Calderón de cuerpo entero (Grijalbo, 2012) de Julio Scherer García. Se trata de un perfil del actual presidente de México hecho con base en charlas entre este periodista y algunos personajes que han tenido que ver directa o tangencialmente con el controvertido mandatario. La consignación no parece fortuita, especialmente si atendemos que otra de las figuras que aparecen en estas páginas, aunque sin voz directa, compite por la Presidencia de la República: Josefina Vázquez Mota.

Capo del periodismo crítico de este país, Scherer nos muestra un cuadro de Calderón trazado con pinceles poco halagüeños. Manuel Espino, ex dirigente panista manifiestamente alejado de la amistad con Los Pinos, es el principal encargado de hacer el retrato, lo que bien puede hacernos pensar, más que en un trazo fino, en algo cercano al brochazo. Aun así, nos dice el libro, el esbozo, por grotesco que resulte, se resguarda en documentos, reproducidos en los anexos de la publicación.

Todo empieza, especifica don Julio, con la misteriosa llegada de un documento a la casa de este periodista: un comprobante de la transferencia bancaria por 11 millones 999 mil 100 pesos del gobierno federal a la empresa Hildebrando S. A. de C. V., un negocio de informática propiedad del cuñado de Felipe Calderón. Ese es el detonante que motiva a Scherer a encontrarse con Espino y a retomar conversaciones acerca de la figura presidencial con otras figuras de la política nacional.

De esa serie de pláticas entre Scherer y Espino, información mayoritaria de este libro que bien podría considerarse una coautoría, el viejo reportero nos dice cosas como que Carlos Castillo Peraza, guía ideológica de Calderón, murió decepcionado de un Felipe al que sentía “desleal”, además de que refiere que aquél sabía de la afición del presidente por la bebida.

 Calderón y el alcohol

Esta peculiaridad del mandatario, ya exaltada en ocasiones anteriores —recordemos el caso de la manta exhibida por Gerardo Fernández Noroña ante otros diputados y los ecos que esto generó al magnificarse con la salida de la periodista Carmen Aristegui de la empresa MVS—, lleva a Scherer a indagar con Espino el particular. De paso se da el lujo de recordarnos lo enfermitos que han estado los presidentes mexicanos, desde Adolfo López Mateos hasta Vicente Fox. Pucha, ¡más de medio siglo de tener a insanos al frente de la nación!

Bien, Espino se suelta el pelo y el bigote relatando algunos desencuentros de cantina —nunca mejor dicho— y de paso nos deja ver a Josefina Vázquez Mota, la ex coordinadora de la campaña calderonista por la Presidencia, como una mujer sin “oficio político” y a Calderón como un tipo realmente aficionado a empinar el codo. “El gusto por la bebida es viejo en el presidente. Le ha hecho daño a él en lo personal y al país”, sostiene el panista en la página 39, con una sinceridad gemela de la mala leche, pero que a cualquier connacional debe aterrar.

Don Julio, en un afán que se parece mucho a un recurso por tener cierta presencia narrativa, también se suelta las canas y nos revela algunos pasajes personales que tienen que ver con la traición y temas dolorosos para su familia, obviamente sin relación directa con Calderón. Así, descontextualizado, puede parecer que estos párrafos poco aportan  a la figura central del libro, pero el periodista echa mano de ellos para centrar nuestra atención en los ambientes shakespeareanos aledaños a la política. Un lector interesado sólo en el chisme de la polaca —que de esto el libro tiene carnita— buscará omitir estos pasajes; estará en su derecho.

Espino, imparable, dice que la “Ley Televisa”, publicada en el Diario Oficial de la Federación cuando Fox despachaba en Los Pinos, en abril de 2006, es responsabilidad de Calderón, que éste la acató posteriormente debido a los compromisos contraídos con las compañías de televisión durante la campaña electoral de aquel año.

 La “enloquecida pasión por el poder” del presidente

Manuel Espino
Manuel Espino

De entre lo que se atreve a expresar el ex dirigente del PAN selecciono lo siguiente: “A la postre resulta que Andrés Manuel (López Obrador) tenía razón”, (página 51); Calderón es un tipo que “escuchaba poco”, de “temperamento hirviente” (página 60), que posee una “enloquecida pasión por el poder personal”. Tanta sinceridad y necesidad de confesión en Espino tendría que hallar una justificación ante Scherer: “Acabé por avergonzarme de mis propios secretos, estériles en el fondo de mí mismo” (página 63). ¿Ego te absolvo…?

Por si la verborrea tras el acto de contrición de Espino pudiera parecer “sospechosista”, don Julio intercala testimonios de otros políticos que, de igual forma, dejan a Felipe Calderón como un verdadero hígado.  Luis Correa Mena, coordinador de la campaña de Castillo Peraza a la jefatura del gobierno del Distrito Federal en 1997, y hombre cercano al extinto panista, dice que el presidente de México es un mal hijo político de su tutor.

En tanto, el priísta Gustavo Carvajal Moreno, hijo de un ex secretario de Gobernación en los tiempos de Adolfo Ruiz Cortines, revela un episodio en el que Calderón le confesó, sin timidez: “Mi padre me enseñó a odiar a los priístas” (página 82).

Otro de los consultados es Alfonso Durazo, “testigo en primera línea del asesinato de Luis Donaldo Colosio” y crítico de Marta Sahagún. Este personaje sentencia con claridad: “Algo estamos haciendo mal en nuestro país cuando un político intolerante, inexperto y explosivo se puede colar hasta la Presidencia de la República” (página 98).

Hasta aquí la síntesis de Calderón de cuerpo entero, un libro basado en conversaciones —sin llegar a ser un exhaustivo reportaje— que, invariablemente, nos hacen preguntarnos: ¿en qué medida han influido las características que este trabajo atribuye a Felipe Calderón en la vida de millones de mexicanos?

Calderón de cuerpo entero
Autor Julio Scherer
Editorial Grijalbo, 2012

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Autor: bitacoradenaufragios

José Luis Enciso (México DF, 1976). Escritor y promotor cultural. Es autor de Los condenaditos (Pre-textos, 2005), Premio Internacional de Cuentos Max Aub, y El amor antes y después del final del mundo (IMC, 2014). También ha obtenido el Premio Internacional de Cuento Ciudad de Zaragoza (2012) y ha sido incluido en antologías en Argentina, España y México, como Bella y brutal urbe (Resistencia, 2013). Actualmente combina su escritura con la coordinación de actividades culturales y redes sociodigitales del Fondo de Cultura Económica. @jlenciso

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