Avilés vuelve a las andadas


Me ha dado gusto saber que Édgar Omar Avilés (Morelia, 1980) ha vuelto a las andadas. En la reciente edición del concurso de la revista Punto de Partida, de la UNAM, obtuvo el segundo lugar en la categoría Cuento Breve, con el relato El pueblo del puerto.
Sin duda, Édgar se ha convertido en uno de los cuentistas más vertiginosos en la ficción breve de corte fantástico en México. Además, ha encontrado una eficacia peculiar al contar historias planteadas con gran imaginación; una lista larga de concursos que ha ganado avalan lo aquí escrito.
La bitácora de Édgar Omar (que a últimas fechas se ha convertido en un valioso compendio de minificciones escritas por autores sorprendentes) es: http://rasabadu.blogspot.com/
Una reseña en este blog acerca de su obra aquí
Y un ejemplo de la brevedad-imaginativa-eficaz de este autor:

La ley

Dios se disponía a fulminar a ese hombre que estaba por dispararle al tigre que estaba por saltar sobre el halcón que estaba por clavar su pico en la comadreja que estaba por matar a la culebra que estaba por deglutir a la rata que estaba por cazar a la lagartija que estaba por comerse a la tarántula que estaba por atenazar a la hormiga que estaba por envenenar al pulgón que estaba por morder la hoja.

Dios se disponía a fulminar a ese hombre pero, lleno de pánico, volteó hacia atrás.

Publicado en:
ÉDGAR OMAR AVILÉS, La noche es luz de un sol negro;
Editorial Ficticia, México, 2007; 165 pp

-JLE

Un buen libro de cuentos


Los cuentos reunidos en este volumen pueden ser, para muchos, viejos conocidos. En suplementos culturales o páginas de internet varios de estos relatos han destacado por su buena factura. Su valor como novedad editorial radica en compilarlos a manera de libro.
En ellos, el autor juega con los cánones de la fantasía, los respeta y los trastoca de manera indistinta, a veces incurriendo en alargues arriesgados para apuntalar las estructuras narrativas y a veces fustigando latigazos a la conciencia del lector para sorprenderlo.
Esto libra a Avilés de caer sobre las sombras de ciertos monstruos fantásticos —escritores y otros funámbulos— a quienes se les ha atribuido la paternidad de ciertos modelos narrativos, tal vez porque esta obra no resulta un bloque uniforme.
En Cuatro son las puertas, primera parte del libro, se abordan diversos temas vistos desde una óptica a caballo entre lo “fantástico” y lo “maravilloso”, mientras que en la segunda parte, Aguja e insecto, la brevedad funge como elemento unitario.
Ambas colecciones están nutridas por diversas influencias literarias sin que alguna devore la propuesta del autor basada en una habilidad peculiar: la de disparar metáforas estremecedoras e imágenes que de tan inocentes descubren ideas terribles, lo que hace imaginarlo como un niño que juega soccer, inocentemente, con la cabeza de alguien a quien decapitó.
Este es un ejemplo de que las buenas narraciones breves, a pesar de las restricciones del mercado, brillan cuando salen a la luz, aunque ésta sea negra.

EDGAR OMAR AVILÉS, La noche es luz de un sol negro;
Editorial Ficticia, México, 2007; 165 pp
-JLE