José Luis Enciso, perfil


Autor de Los condenaditos y otras historias de impiedad (Rayuela, 2019), El amor antes y después del final del mundo (FOEM, 2015) y Los condenaditos (Pre-textos/Fundación Max Aub, 2005).

Contacto: jlenciso@msn.com

Algunos reconocimientos:

  • Premio Nacional de Cuento Beatriz Espejo 2018 con el relato “Lo que pasa por la mente de un tirador” (Mérida, México
  • Premio Internacional de Relatos Ciudad de Zaragoza 2012 con la obra “El milagroso regreso” (Zaragoza, España)
  • Premio Internacional de Narrativa Breve Canal Literatura 2009 con el relato “Un mejor cielo” (Murcia, España)
  • Premio Internacional de Cuentos Max Aub 2005 con “Los condenaditos” (Valencia, España)

Ha sido incluido en varias antologías, entre las que destaca Bella y brutal urbe (Ed. Resistencia, 2012). Estudió Periodismo y Comunicación Colectiva en la UNAM y la Maestría en Comunicación en la Universidad de la Comunicación.

Entrevista con Luisa Iglesias Arvide en la Primera Emisión del Sistema Nacional de Noticias del IMER:

Charla con Julia Santibáñez en Código Radio:

Entrevista con Mariana H en Imagen Radio por el libro de cuentos Los condenaditos y otras historias de impiedad (Rayuela, 2020):

Reseña en Tercera vía

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Publicaciones:

Algunas publicaciones online:

Participación en el ciclo “Encuentros con la palabra: el trabajo literario en Yucatán”


Escribir en medio de una pandemia, de eso hablaremos hoy colegas de Yucatán y yo, a las 19:30 h, por Libros Al Aire. Acá comparto un enlace a la columna que Ros Quijano dedicó al ciclo en el periódico Novedades: https://sipse.com/novedades-yucatan/opinion/eclosion-letras-columna-rosely-quijano-leon-encuentros-palabra-370013.html

La imagen enlaza a la charla en Facebook:

Los condenaditos y otras historias de impiedad, en la UPVM


Impresionado y contento con la amplia participación en esta charla, ideada por Juan Nicolás Becerra Hernández y apoyada por la Universidad Politécnica del Valle de México, en la que tuve chance de hablar acerca de “Los condenaditos y otras historias de impiedad” (Rayuela 2020), así como de libros, cine, lectura y otros temas. Se trata de la primera emisión del ciclo “Por cada lectura una aventura”, foro de lectura en vivo organizado y moderado por Juan con el apoyo de la UPVM. Acá el testimonio en video:

Libros, cuarentena y Nueva Normalidad


Cynthia y Matt, de La Radio del Área, charlaron conmigo acerca de lectura y escritura de libros durante el confinamiento santiario de 2020, así como del sector editorial ante la Nueva Normalidad y las nuevas formas de promoción. La charla es el cierre de la sección “Y tú, escritor ¿cómo estás viviendo esta cuarentena?

Aquí el video:

La #NuevaNormalidad de los becarios de literatura en México


La #NuevaNormalidad viene sin fondos de dinero público destinados a la cultura.

Aquí cinco nuevosnormales criterios para no apoyar la formación de becarios de Literatura:

1

Dejar de ser un mal escritor joven es asunto de paciencia: tarde o temprano el tiempo quita lo joven.
(*Aplica a jóvenes creadores)

2

Para el escritor maduro la disciplina prosística resulta indisciplina prostática.
(*Aplica al Sistema Nacional de Creadores)

3

No tienes que construir una sólida trayectoria para alcanzar la inmortalidad, basta con que seas insoportable y le caigas mal a la muerte, así se olvidará de ti.
(*Aplica a Creadores Eméritos)

4

Bécame,
bécame mucho
como si fuera este Fonca
la última vez.
Bécame, bécame mucho
que tengo miedo a perderte
por culpa de Andrés.
(*Ninguna anotación al margen)

5

Típico: sabes que eres el mejor escritor de tu generación, pero todos los escritores de tu generación creen lo mismo de sí mismos.
(*Aplica a todas las categorías)

Y ya. Ese es todo el documento.

En Revista Algarabía: “Los condenaditos y otras historias de impiedad”, obsequio


La revista Algarabía de este mes trae pilón. Cómprenla y participen en su Dichosa palabra para ganarse Los condenaditos y otras historias de impiedad.

Fotografía con Rulfo


—Es evidente: usted replica una marcada línea, conservadora y anticuada, que recuerda a Vargas Llosa.

—¿En mi obra o en mi discurso? –pregunté, hondamente desconcertado.

—No, no; no conozco ni su obra ni su discurso. Me refiero a su peinado -respondió el otro.

—En realidad solo me peino así cuando estoy crudo, de esa forma desvío la atención de mi rostro en ruinas, de Estas ruinas que ves, para decirlo con Ibargüengoitia.

—Se ve que está crudo a menudo -dijo el otro con suficiencia y apagó su cigarro, el tercero que consumía en menos de 20 minutos. Su rostro mofletudo y pesaroso, su voz pausada de moribundo, se me hicieron familiares y así lo manifesté:

—De pura casualidad, ¿no se apellida usted «Rulfo»?

—Y además me llamo Juan. ¿Por qué hace la pregunta?

—Porque si usted es Juan Rulfo, como supuse al mirarlo, entonces yo no estoy crudo, sino ebrio todavía. O tal vez ya esté muerto y mi vida sea una impostura inversa a la de los vivos que se disfrazan de muertos los días 2 de noviembre.

—Váyase a la chingada.

—¿Cómo? ¿Qué dice?

—Lo que oyó.

—Bueno. Solo hágame un favor. ¿Me toma una foto así, como que no me doy cuenta? Según sé,  usted es buen fotógrafo.

—Váyase a la chingada, le digo.

—Ah, La Chingada, ese lugar al que no se va, sino que solito se llega, ¿no?

—Eso es Comala, no se haga el idiota.

—¿Siempre ha sido tan gruñón?

—[🙄] ¿Si le tomo la foto que pide, va a dejar de estar chingando?

—Le doy mi palabra, que es lo único que poseo.

—También se ve que tiene otras posesiones únicas.

—Ah, ¿sí? ¿Cuáles?

—Hambre y frío.

—Váyase al carajo, Rulfo.

—Allá lo espero con mucho gusto. Y traiga acá -me arrebató el teléfono, maniobró torpemente el encuadre, disparó y aventó el artefacto sobre la mesa-. Ahí tiene su foto. Quien la mire pensará que tiene cara de agrura. Y, ¿sabe? Viéndolo y escuchándolo me recuerda más a Vargas Llosa, y no por su peinado de niño que va a ofrecer flores a la Virgen algún viernes de mayo.

—¿Ah, no? ¿Por qué, entonces?

—Por la cantidad de tarugadas juntas que dice en tan poco tiempo y con tanta convicción.

José Luis Enciso por Juan Rulfo

(De Histeria mínima de todas las cosas)