Los hombres que venían de lejos


Los hombres que venían de lejos llegaban buscando algo. A veces creían hallarlo. Otras, tal vez encontraban lo que perseguían, pero no se daban cuenta. Algunos volvían sobre sus pasos, los más seguían su camino, mas sin saberlo también volvían. Toda partida era un regreso. Los que se quedaban a poco se convencían de que lo hallado, el deseo cumplido, era menos valioso de lo que habían imaginado. Sin embargo ya no podían irse. No se los impedía ninguna limitante física, sino su resignación. Entonces añoraban el camino de los que se iban, a veces sin saberlo incluso. Los idos envidiaban en secreto a los que se quedaban, siempre. Y eso no era un secreto para nadie. En ocasiones intercambiaban cartas. En ellas se mostraban optimistas, deseosos de un mejor porvenir para todos. Sabían que mentían, pero les importaba ser amables, ante todo. Intuían que eso que buscaban estaba en alguna parte. Pero, invariablemente, todos morían dudando si lo andado había sido como lo recordaban; muchos caían en cuenta que un detalle del tránsito había valido la pena. No obstante el tránsito era sólo eso: un recorrido, un trayecto, nada tangible, nada real, sólo un vago recuerdo construido con mucha dificultad.

No tránsito

Chau apurado para Buenos Aires


Linda estás hoy, Buenos Aires (a pesar de Macri). Aun tras la tormenta madrugona de hoy y el pronóstico de lluvia permanente abriste el cielo pa despedirnos, porque a ambos nos gusta el sol. Agradezco el detalle y apuro el chau nomás para no ponernos sentimentales (no es de malevos como nosotros, viste?). Me voy porque tengo la peculiaridad de ser hombre y no viento o sombra o ectoplasma chocarrero o algo etéreo que me permita quedarme y a la vez partir o teletransportarme. Ni pedo. Uno es lo que es y ya está. Si puedes, alguna tarde mándame hasta el norte un airecillo de esos que corren por tus calles y doblan, imprudentes, tus ochavas; que lleve un olor a bifecito (o bifito, para decirlo en porteño) de chori asándose en alguna de tus terrazas; que incluya algunos gritos festivos del piberío (sí, esto se lo plagie a Eladia), olor a mate, a fiambrería y visiones de sol sobre los capós de los taxis más lindos del mundo; resguarda el tesoro de Núñez siempre (tu mayor riqueza, para mí). No quiero ponerme espeso, yo que de plomo soy muy a menudo. Distendamos entonces: chauchas totales.

20141217_184202 20141218_144441 20141227_132051 20141227_180043

Tango Bar, película con Gardel


Charles Romuald Gardes, mejor conocido como Carlos Gardel, protagonizó Tango bar sin saber que sería su última película, en 1935. En ella actuaron, además, Rosita Moreno (Laura), Enrique de Rosas (el comandante) y Tito Lusiardo (Puccini). El guión es de Alfredo Le Pera, una gran mancuerna de Gardel. Entre las canciones memorables que el Morocho del Abasto interpreta en esta cinta están: “Por una cabeza”, “Lejana tierra mía” y “Arrabal amargo”.

He hallado el enlace para verla online y aquí lo comparto:

Ernesto Sábato, mi padre


El 30 de abril de 2011 murió el escritor Ernesto Sábato. La fecha -hace exactamente un año- me ha dado un pretexto para compartir el enlace a la proyección de Ernesto Sábato, mi padre, filme del cineasta Mario Sábato, hijo del escritor.

Dicha proyección se efectuó como parte de las actividades relacionadas con la exposición «Al otro lado del túnel. Sabato x Mordzinski», en el Instituto Cervantes (diciembre de 2011). La cinta, dice la ficha de Ve películas online, blog al que enlazo, nos “acerca a la vida de este escritor argentino a través de filmaciones personales y testimonios de familiares y amigos. Tras la proyección del mismo, se celebra un coloquio entre Mario Sabato y el escritor y periodista Daniel Arjona”.

Ver: http://vepeliculasonline.blogspot.mx/2012/01/ernesto-sabato-mi-padre-2010.html

Un elefante ocupa mucho espacio


Edición descontinuada
Edición descontinuada

Es el título de un libro de cuentos prohibido por la última dictadura militar argentina. El Decreto No. 3155 decía: “Se trata de cuentos destinados al público infantil con una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria para la tarea de captación ideológica del accionar subversivo (…) y que de su análisis surge una posición que agravia a la moral, a la familia, al ser humano y a la sociedad que éste compone…”

El libro recibió el Premio Internacional Hans Christian Andersen, Cuadro de honor en 1976. Aquí lo comparto:

Un elefante ocupa mucho espacio

Por Elsa Bornemann

Que un elefante ocupa mucho espacio lo sabemos todos. Pero que Víctor, un elefante de circo, se decidió una vez a pensar “en elefante”, esto es, a tener una idea tan enorme como su cuerpo… ah… eso algunos no lo saben, y por eso se los cuento:

Verano. Los domadores dormían en sus carromatos, alineados a un costado de la gran carpa. Los animales velaban desconcertados. No era para menos: cinco minutos antes el loro había volado de jaula en jaula comunicándoles la inquietante noticia. El elefante había declarado huelga general y proponía que ninguno actuara en la función del día siguiente.

—¿Te has vuelto loco, Víctor? —le preguntó el león, asomando el hocico por entre los barrotes de su jaula— ¿Cómo te atreves a ordenar algo semejante sin haberme consultado? ¡El rey de los animales soy yo!

La risita del elefante se desparramó como papel picado en la oscuridad de la noche:

—Ja. El rey de los animales es el hombre, compañero. Y sobre todo aquí, tan lejos de nuestras selvas…

—De qué te quejas, Víctor? —interrumpió un osito, gritando desde su encierro. ¿No son acaso los hombres los que nos dan techo y comida?

—Tú has nacido bajo la lona del circo… —le contestó Víctor dulcemente. La esposa del criador te crió con mamadera… Solamente conoces el país de los hombres y no puedes entender, aún, la alegría de la libertad…

—¿Se puede saber para qué hacemos huelga? —gruñó la foca, coleteando nerviosa de aquí para allá.

—¡Al fin una buena pregunta! —exclamó Víctor, entusiasmado, y ahí nomás les explicó a sus compañeros que ellos eran presos… que trabajaban para que el dueño del circo se llenara los bolsillos de dinero… que eran obligados a ejecutar ridículas pruebas para divertir a la gente… que se los forzaba a imitar a los hombres… que no debían soportar más humillaciones y que patatín y que patatán. (Y que patatín fue el consejo de hacer entender a los hombres que los animales querían volver a ser libres… Y que patatán fue la orden de huelga general…)

—Bah… Pamplinas… —se burló el león—. ¿Cómo piensas comunicarte con los hombres? ¿Acaso alguno de nosotros habla su idioma?

—Sí —aseguró Víctor. El loro será nuestro intérprete -y enroscando la trompa en los barrotes de su jaula, los dobló sin dificultad y salió afuera. En seguida, abrió una tras otra las jaulas de sus compañeros.

Al rato, todos retozaban en los carromatos. ¡Hasta el león!

Los primeros rayos de sol picaban como abejas zumbadoras sobre las pieles de los animales cuando el dueño del circo se desperezó ante la ventana de su casa rodante. El calor parecía cortar el aire en infinidad de líneas anaranjadas… (los animales nunca supieron si fue por eso que el dueño del circo pidió socorro y después se desmayó, apenas pisó el césped…)

De inmediato, los domadores aparecieron en su auxilio:

—Los animales están sueltos! —gritaron acoro, antes de correr en busca de sus látigos.

—¡Pues ahora los usarán para espantarnos las moscas! —les comunicó el loro no bien los domadores los rodearon, dispuestos a encerrarlos nuevamente.

—¡Ya no vamos a trabajar en el circo! ¡Huelga general, decretada por nuestro delegado, el elefante!

—¿Qué disparate es este? ¡A las jaulas! —y los látigos silbadores ondularon amenazadoramente.

—¡Ustedes a las jaulas! —gruñeron los orangutanes. Y allí mismo se lanzaron sobre ellos y los encerraron. Pataleando furioso, el dueño del circo fue el que más resistencia opuso. Por fin, también él miraba correr el tiempo detrás de los barrotes.

La gente que esa tarde se aglomeró delante de las boleterías, las encontró cerradas por grandes carteles que anunciaban: CIRCO TOMADO POR LOS TRABAJADORES. HUELGA GENERAL DE ANIMALES.

Entretanto, Víctor y sus compañeros trataban de adiestrar a los hombres:

—¡Caminen en cuatro patas y luego salten a través de estos aros de fuego! ¡Mantengan el equilibrio apoyados sobre sus cabezas!

—¡No usen las manos para comer! ¡Rebuznen! ¡Maúllen! ¡Ladren! ¡Rujan!

—¡BASTA, POR FAVOR, BASTA! —gimió el dueño del circo al concluir su vuelta número doscientos alrededor de la carpa, caminando sobre las manos—. ¡Nos damos por vencidos! ¿Qué quieren?

El loro carraspeó, tosió, tomó unos sorbitos de agua y pronunció entonces el discurso que le había enseñado el elefante:

— … Con que esto no, y eso tampoco, y aquello nunca más, y no es justo, y que patatín y que patatán… porque… o nos envían de regreso a nuestras selvas… o inauguramos el primer circo de hombres animalizados, para diversión de todos los gatos y perros del vecindario. He dicho.

Las cámaras de televisión transmitieron un espectáculo insólito aquel fin de semana: en el aeropuerto, cada uno portando su correspondiente pasaje en los dientes (o sujeto en el pico en el caso del loro), todos los animales se ubicaron en orden frente a la puerta de embarque con destino al África.

Claro que el dueño del circo tuvo que contratar dos aviones: En uno viajaron los tigres, el león, los orangutanes, la foca, el osito y el loro. El otro fue totalmente utilizado por Víctor… porque todos sabemos que un elefante ocupa mucho, mucho espacio…

Tomado de: Un elefante ocupa mucho espacio, Elsa Bornemann. Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1986.

La doctrina del shock


Este documento basado en la investigación homónima de Naomi Klein, llevado a lo audiovisual por Alfonso y Jonás Cuarón, propone una revisión de los abusos del sistema capitalista inspirados en preceptos de Milton Friedman y los llamados “Chicago boys”, sus experimentos económicos en las dictaduras militares de Chile y Argentina, así como los casos estadounidense e inglés. Todos con resultados devastadores (excepto para los bolsillos, bien llenos, de unos cuantos). Muy recomendable para documentar la memoria: La doctrina del shock

[youtube http://youtu.be/gP591bZNc0I]

Borges quería quedarse en Ginebra, según carta


La legisladora peronista María Beatriz Lenz planea una iniciativa de ley para llevar a la Argentina los restos de Jorge Luis Borges, basada, según ha publicado El País, en una supuesta voluntad borgiana que se sustenta en esta frase: “No paso ante la Recoleta sin recordar que están sepultados ahí mi padre, mis abuelos y tatarabuelos, como yo lo estaré”. En tanto, María Kodama, viuda de Borges, ha señalado que la voluntad del autor de El Aleph era “descansar en paz” en Suiza, donde pasó sus últimos días antes de fallecer.

Para sumar a este debate, la agencia EFE ha vuelto a poner sobre la mesa una carta dirigida por Borges a esa agencia (dada a conocer inicialmente el 21 de mayo de 1986, días antes de la muerte del agentino) en la que éste expresa su voluntad de permanecer “invisible” en Ginebra.

Como Borges no especificó en el documento si su deseo de ser un hombre “invisible” se relacionaba con el reposo anónimo o con el eterno, ahora ha crecido la polémica.

En Algún día en alguna parte se reproduce la carta enviada a EFE:

carta-borges

Vía Algún día en alguna parte

-JLE