Los hombres que venían de lejos


Los hombres que venían de lejos llegaban buscando algo. A veces creían hallarlo. Otras, tal vez encontraban lo que perseguían, pero no se daban cuenta. Algunos volvían sobre sus pasos, los más seguían su camino, mas sin saberlo también volvían. Toda partida era un regreso. Los que se quedaban a poco se convencían de que lo hallado, el deseo cumplido, era menos valioso de lo que habían imaginado. Sin embargo ya no podían irse. No se los impedía ninguna limitante física, sino su resignación. Entonces añoraban el camino de los que se iban, a veces sin saberlo incluso. Los idos envidiaban en secreto a los que se quedaban, siempre. Y eso no era un secreto para nadie. En ocasiones intercambiaban cartas. En ellas se mostraban optimistas, deseosos de un mejor porvenir para todos. Sabían que mentían, pero les importaba ser amables, ante todo. Intuían que eso que buscaban estaba en alguna parte. Pero, invariablemente, todos morían dudando si lo andado había sido como lo recordaban; muchos caían en cuenta que un detalle del tránsito había valido la pena. No obstante el tránsito era sólo eso: un recorrido, un trayecto, nada tangible, nada real, sólo un vago recuerdo construido con mucha dificultad.

No tránsito

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De monstruos, cervezas y tacos


Ecatepec siempre me ha parecido una fuente inagotable de imágenes para compartir, sea por la histeria que recorre sus calles o algunos chispazos que obligan a activar la cámara de fotos. Hice, hace tiempo, una etiqueta titulada “Callejeras” a fin de dar cuenta de estos hallazgos (pueden revisarse entradas en este blog como Bruja o Una mujer desnuda del tamaño de una casa).

En esta ocasión, arriba de una taquería, me encontré a este personaje peculiar, con una cerveza y en actitud de no querer compartir el botín. Tal vez, de haber hallado tremendo culto al lúpulo y la cebada, yo hubiera adoptado el mismo talante:

Una mujer desnuda del tamaño de una casa


Transitando por alguna calle de Ecatepec me he encontrado a esta mujerona en un muro sorprendente. Si se fijan bien, no hallarán ventanas ni puertas, como si se tratara de una pared trasera colindante con otra propiedad. El hecho es que este muro da a la calle y su uniformidad de concreto le ha permitido ser lienzo para el flirteo de esta chica de grafiti. Su creador ha dejado un rastro, como el padre lo hace con su ADN, en la parte izquierda de la imagen. Un mojón de graba, irreverente, se ha enquistado en la acera; su presencia y lo escarapelado de la pared se mezclan con la estela alucinante que envuelve a la mujer como su único atuendo. La estética de lo cotidiano.

José Luis Enciso

Batman y la Virgen de Guadalupe


Ir a Ecatepec, Estado de México, siempre me ha redituado en imágenes dignas de fotografiarse. No es que esté buscándolas, simplemente basta con transitar sus calles para que, de pronto, pum, ahí están, pum, pum, saltan a mi vista y disparan mi asombro. Hace unos días compartí una escena fatal: el accidente de una bruja. Ahora, me topé con algo que parece haber surgido por un empeño amedrentador dirigido a extraños indeseables. Hay familias que protegen la intimidad de su hogar con dobles cerrojos, dobles  candados y, por supuesto, con otros tipos de dobles precauciones. En la siguiente imagen se verá una mancuerna peculiar. Podrá hablarse de sincretismo, de buen humor, de conductas sacrílegas o de cualquier argumento antropológico, cultural o religioso, lo cierto es que la fotografía es digna de mostrarse.  Bien podría llamarse “El nuevo dúo dinámico”:

—JLE

Bruja


Hoy inauguro una nueva etiqueta para este blog: “callejeras”. Agrupará a una serie de imágenes halladas por diversos lugares que merecen ser captadas y difundidas. Esto sin pretensiones artísticas, pues, como habrá de verse, han sido registradas no siempre en las mejores condiciones, sin rigor ni técnico ni estético. Inicio la serie —ocasional, por su naturaleza— con esta horripilante bruja hallada en Ecatepec, Estado de México, el 3 de julio de 2011. Sin la intervención del azar, que cortó de tajo el vuelo zigzagueante de este malévolo ser, me habría resultado imposible capturar a detalle este peculiar siniestro, además de algunas pruebas que sugieren su origen:

—JLE