Entrevista con Luisa Iglesias en IMER, por “Los condenaitos y otras historias de impiedad”


El Sistema Nacional de Noticiarios del IMER, Instituto Mexicano de la Radio, encabezado por Elia Baltazar, hizo este podcast de la charla con Luisa Iglesias acerca de “Los condenaditos y otras historias de impiedad”. Lo comparto y agradezco nuevamente a Elia, a Luisa y a su equipo el espacio, el tiempo y la amabilidad. Enlace a la charla: https://cutt.ly/OiVm9h0

Detalles del libro: https://cutt.ly/3iVDGOe

Los condenaditos y otras historias de impiedad, en la UPVM


Impresionado y contento con la amplia participación en esta charla, ideada por Juan Nicolás Becerra Hernández y apoyada por la Universidad Politécnica del Valle de México, en la que tuve chance de hablar acerca de “Los condenaditos y otras historias de impiedad” (Rayuela 2020), así como de libros, cine, lectura y otros temas. Se trata de la primera emisión del ciclo “Por cada lectura una aventura”, foro de lectura en vivo organizado y moderado por Juan con el apoyo de la UPVM. Acá el testimonio en video:

Libros, cuarentena y Nueva Normalidad


Cynthia y Matt, de La Radio del Área, charlaron conmigo acerca de lectura y escritura de libros durante el confinamiento santiario de 2020, así como del sector editorial ante la Nueva Normalidad y las nuevas formas de promoción. La charla es el cierre de la sección “Y tú, escritor ¿cómo estás viviendo esta cuarentena?

Aquí el video:

En Revista Algarabía: “Los condenaditos y otras historias de impiedad”, obsequio


La revista Algarabía de este mes trae pilón. Cómprenla y participen en su Dichosa palabra para ganarse Los condenaditos y otras historias de impiedad.

Apuntes sobre “Los panes y los pescados” de Aldo Rosales


De entrada debo decir que es un muy buen hallazgo editorial.

Tenía algo de tiempo que no escribía sobre libros nuevos, soy poco entusiasta en muchos sentidos, entre ellos al acercarme a las novedades que compendian relatos, heráldica comercial de Los panes y los pescados de Aldo Rosales (Ediciones Periféricas, 2018). Además debo confesar que no soy nada religioso y la referencia al milagro bíblico suministrada en la portada de este volumen me hizo percibir ecos misales e incluso culinarios, por lo que retrasé un poco su lectura. Apenas leí los primeros textos comprendí mi error y sospeché un juego conceptual, una apuesta que no se me hizo, finalmente, ni descabellada ni ociosa: cada una de las 27 piezas que componen este artefacto termina siendo la polaroid de un milagro, la captura de un destello, de algún detalle extraordinario en historias cuyas circunstancias nada de extraordinarias tienen: son comunes, diarias, normales; hablan de vida, recuerdos, muerte, enfermedad, azar; de hijos, novias, vecinos, amigos. ¿Qué me ha atraído para apuntarlo aquí, si tan ordinario parece, entonces? La hechura, ¿qué más? 

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Hay libros que asombran y paralizan; existen otros a los que, por el contrario, quisiéramos meterles mano de tan cercanos que terminan leyéndose. Estamos ante uno de los segundos. Aquí los asombros que produce no son de tipo contemplativo sino que incitan al lector a construir el relato junto con los personajes, la autoría ilusoriamente se reparte debido a la idea de cercanía que el autor logra insulfar a sus narraciones. Y lo consigue valiéndose de varios mecanismos.

Hablemos de las circunstancias en las historias. Si las decrépitas vecinas del departamento contiguo se suicidan es motivo de escándalo y morbo, en cualquier lugar y situación, no lo neguemos. Lo natural es morir, lo peculiar es la forma, lo improbable, lo no cotidiano, es consignar esa ausencia por el silencio, a través de una delagadísima pared, que suple las vocalizaciones de las clases de inglés que aquellas mujeres tomaban. La sinécdoque, en este caso, es un tajo contundente, ¿a poco no?

Hablemos de personajes. Premeditadamente no son delineados a profundidad, lo cual permite que los describan sus acciones. No los conocemos del todo, no sabemos su pasado, entonces los hechos nos cuentan mucho, como suicidarse así, sin aviso, sin apelar a la compasión del lector pero mostrando que todas y cada una de las acciones se justifican si volvemos apenas unas líneas antes. No sabemos qué piensan exactamente o qué sienten los seres que ahí se relacionan. El peso de la acción es irrefutable y traslada pensamiento y sensaciones al lector.

Podríamos desarticular y analizar más relatos, no obstante ha sido un exceso hacerlo ya con uno. Es una muestra de que en cada ficción de las aquí estudiadas juegan igualmente historia, personajes y situación; al final, casi en todas las piezas, nos quedamos pensando en lo leído más tiempo del que tardamos en leerlo. Todo propiciado por relatos de apenas una cuartilla, cortes de una realidad que terminan siendo muestras precisas del resto, de aquellas vidas, porque eso es a lo que nos asomamos, a vidas complejas perfiladas con apenas unos cuantos trazos; el autor, quirúrgico dibujante, cocinero avispado, recoge en poca sustancia la esencia y convierte sus cuentos en disparadores de sentido, en persuasivas muestras de otro universo que el lector recibe como en una cata.

Tras esto podrá acotárseme que estoy describiendo una minificción correcta en función del canon del género, que eso no implica superpoder alguno sino el trabajo de un escritor aplicado, lo cual incluso sería ya suficiente. Y es ese punto el que me llama la atención y quiero destacar: su valor radica no en que estemos ante historias extraordinarias o superpoderosas, sino en la habilidad literaria que en ellas percibo —las 27 no se leen como un exceso—, una habilidad que se aleja, por fortuna, de la fórmula discursiva cercana al chiste aforístico y al meme que ha invadido a eso que conocemos como microficción, en muchas ocasiones origen de la trivialización de ideas que pudieron llegar a más y que ha rasgado la etiqueta del género ante los ojos miopes de algunos defensores de la altísima literatura.

Otro aspecto que quiero destacar de esa habilidad literaria es la forma precisa y general, a la vez, de escribir —vaya contradicción mía, vaya equilibrio del autor Rosales—, la cual consigue que los textos admitan lecturas con más de una lente, que sean pequeñas crónicas y también cuentos y también micronovelas. Un crítico medianamente capacitado podría diagramar con mucha mayor exactitud lo que yo apenas relato desde la superficie y el deleite; con suerte podremos leer otras notas que desentrañen la estirpe de estos relatos, sus referentes, sin embargo el valor final que yo quisiera resaltar en el libro es justamente el valor —la valentía— para no adornar de más lo contado: el narrador se nota poco —su mayor habilidad, pues se llega a intuir y a compartir la tentación por saborear alguna frase— y logra dar a cada texto una tensión especial mediante el buen uso de la contención; el silencio, la pausa, en ocasiones dicen más que varios gritos juntos. Y hay contención en quien escribe, en los personajes, en las situaciones, todo vinculado en una promesa de que algo explotará y es entonces cuando el mismo lector se tensa al sentir que entra en un campo minado donde en cualquier momento hallará el destello del que hablé al inicio de estos apuntes, que presenciará un pequeño milagro hasta entonces secreto.

También de salida debo decir que es un muy buen hallazgo editorial.

Festejos del Día del Libro en el Centro Cultural Bella Época


Este año, los festejos del FCE por el Día Mundial del Libro y los Derechos de Autor tendrán una nutrida agenda. Comparto la lista de actividades en PDF y algunas imágenes: Cartelera 2a quincena de ABRIL 2013

Cartel Día del Libro

Cartelera quincenal del Centro Cultural Bella Época, del 2 al 13 de abril de 2013


Un nutrido programa de actividades tendrá el Centro Cultural Bella Época | Librería del FCE Rosario Castellanos. Inauguración de expo multimedia de Ana Clavel, actividades infantiles y varias presentaciones de libros interesantes integran la cartelera que comparto en este enlace: Cartelera 1a quincena de ABRIL 2013

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